Este licenciado en Matemáticas se apasiona con los calendarios y los códigos de barras
28 mar 2011 . Actualizado a las 12:45 h.Tras una charla con José María Barja entran ganas de volver a repasar las ecuaciones. Este matemático metido a rector demuestra con pasión y erudición que una de las asignaturas más incomprendidas de los planes de estudios está presente en el día a día de todo el mundo. Dos ejemplos en los que el rector es un consumado especialista: los calendarios y los códigos de barras, dos sistemas númericos que mueven el mundo.
-Me han dicho que es un experto en calendarios.
-Es que los matemáticos buscamos fundamentalmente el orden en el caos, es decir, patrones en los arbitrario. Esto es parte de un anuncio que hace la agencia de seguridad americana para reclutar matemáticos. Volviendo a los calendarios, por ejemplo, el Año Santo cae en periodos de 6, 5, 6 y 11 años, y las preguntas son ¿por qué? y ¿ocurre siempre?
-Hubo momentos históricos como el pasado cambio de siglo en que se produjo un pánico mundial debido al calendario. Hablo del efecto 2000.
-Es cierto, pero el 2000 era bisiesto. Será peor el 2100 porque no es bisiesto. Eso influye sobre todo en la parte informática. Este tipo de asuntos motivó mi interés por los calendarios.
-Es que pensamos que nuestro calendario es universal.
-Claro. Pero, por ejemplo, en Bangla Desh, que es mayoritariamente musulmán, existen tres calendarios, que aparecen en todos los periódicos. Están el nuestro, el islámico y el propio de su país. Y ahora el mundo es más pequeño e influyen más las costumbres de otros países.
-También es capaz de calcular en que día de la semana cae cualquier fecha. En plan, qué día será el 12 de marzo de 2098.
-Se calcula con una fórmula matemática que en papel se puede hacer de forma inmediata, aunque hay gente que incluso lo puede hacer de memoria. Es que el calendario nos fascina a todos. La televisión vasca emitió un reportaje basado en una información que se corrió por todas las redes sociales, y que decía que este pasado enero había cinco lunes, que eso sólo pasaba cada 823 años y que lo convertía en el peor enero de la historia debido a la mala fama de los lunes. Pero alguien le dijo ?oiga, que el próximo año también pasa?, y tuvieron que retirar la información.
-Incluso dentro de los calendarios europeos han existido diferencias históricas.
-Hasta el siglo XIV hubo una era española, que partía del fin de la conquista romana en Hispania, que fue en el año -36. Eso quiere decir que se contaban 36 años por encima de los otros calendarios. Eso los historiadores lo tienen en cuenta. Durante 170 años hubo un calendario en Europa y otro para los ingleses. Cuando Drake ataca A Coruña en 1589, para los ingleses era otro año ya que seguían con el calendario juliano, que todavía se usa actualmente en la tgradición de la iglesia ortodoxa rusa. La revolución soviética de octubre, el llamado octubre rojo, era en noviembre en el resto de Europa.
-Pasemos a su otra gran afición: los códigos de barras.
-Es un invento de Joseph Woodland que trabajó en IBM. La primera versión eran círculos concéntricos. Muchas veces no somos conscientes de la información que atesoran. Me divertía mucho un anuncio de una cádena de tiendas deportivas en la que aparecía un judoka rompiendo un código de barras. Buscabas ese código y era del libro Lucinda Green, jóvenes jinetes, que es de equitación. Son una herramienta matemática que está presente en todo. En un supermercado se puede rastrear el origen del país de la distribuidora. Un agua de un manantial de Cospeito tiene un código de barras de un país del Benelux porque de allí es la distribuidora. Eso abre preguntas económicas, del tipo a dónde van los impuestos.
-No hay mundo sin matemáticas.
-Ni los móviles, ni los cedés, ni las televisiones digitales se puede hacer sin matemáticas.
-También ha rastreado la presencia de las matemáticas en el Quijote.
-La palabra algebrista aparece en el capítulo quince de la segunda parte del Quijote. Para Cervantes es el componedor de huesos, una acepción que se conserva en el diccionario de la Real Academia junto a la de matemático y alcahuete, que es una tercera acepción, ya arcaica, que aparece así en el Buscón de Quevedo.