Alberto Rodríguez resume sus once años como copiloto de ralis
13 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El asfalto desde el asiento derecho del coche se ve de una forma distinta. Sin la presión del conductor, pero con la responsabilidad de controlar todo lo que pasa, dentro y fuera. Tramo rápido, curva a derecha, cambio de rasante. El coruñés de adopción Alberto Rodríguez (Gijón, 1974) se sabe de memoria el recorrido de cada prueba en la que compite.
Siguiendo las normas no escritas de esa escuela de copilotos no oficial, lleva las indicaciones apuntadas en una libreta, en un lenguaje entre propio e indescifrable, que lee a la máxima velocidad que le permite su voz y a un ritmo preciso y constante. Como de metrónomo. «Lo importante para ser un buen copiloto es no marearse y tener mucha concentración. Hay que cantar las curvas en el momento exacto, ni un poco antes ni después», afirma.
Los copilotos son los olvidados, y la gloria queda reservada para los pilotos. Pero el trabajo de Alberto no se limita a leer sus notas desde el asiento derecho. Empieza mucho antes, con el estudio del itinerario, la elaboración de los horarios y la supervisión de las labores mecánicas. «Mi trabajo es tenerlo todo bajo control, hacer que el piloto solo tenga que ocuparse de conducir», sentencia. Y además, debe transmitirle a su compañero una sensación de tranquilidad y sosiego sobre un coche a más de cien kilómetros por hora. «Cuando las cosas salen bien, ya sea en un tramo o en una carrera, sabes que has hecho tu trabajo y eso es muy gratificante», asegura.
Desde que a los cuatro años lo llevaron a su primer rali, supo que este deporte era para él. Y poco a poco fue metiéndose en el mundillo. Rali gallego y nacional; asfalto y tierra. Hasta que topó con Alberto Otero, con el que ahora compite en la Mitsubishi Evo Cup. «Estamos en una etapa en la que Otero tiene que que ir adaptándose a la nueva montura», explica.
Una lesión de rodilla le mantuvo inactivo un año, tras el que regresó con más fuerza. También probó como piloto. «Me gusta este deporte. Siento una enorme adrenalina tanto en el asiento de la derecha como en el de la izquierda. Las sensaciones en carrera son un vicio que engancha».