20 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.
Son solo tres, pero se bastan. No paran de trabajar ni de sonreír, como si conociesen alguna clave, algún secreto que los coloca en un peldaño superior al común de los mortales. Su afabilidad, su trato dulce con los internos, apenas permite imaginar las miserias y los dramas humanos que han tenido que ver y vivir. «Así es la vida», resumen. En breve tendrán la visita, esperan que duradera, de un compañero. O al menos con eso cuentan: «Vendrá un hermano de Camerún. Unos vienen, otros van a otros destinos, unos duran más, otros menos... Esto funciona así», cuenta el director del Hogar de Sor Eusebia sin mutar la sonrisa de su cara.