Más de 130.000 personas arroparon el paseo de sus majestades de Oriente por la ciudad
06 ene 2013 . Actualizado a las 06:48 h.«Soy de los Reyes Magos». Ese era el lema que se podía leer en las bolsas que llevaban los pajes de la cabalgata. Y no sabemos muy bien que pensaría Papa Noel de todo ello, pero lo que quedó claro es que el lema se pudo aplicar a casi toda la ciudadanía. Unas 131.500 personas, según la estimación de la Policía Local, se encargaron de aplaudir a Melchor, Gaspar y Baltasar. Los tres se dieron un baño de multitudes como no se recuerda en la ciudad.
Llegaron pasadas las cinco de la tarde en tren. En la estación de San Cristóbal los esperaban los pajes, un centenar de niños caracterizados de criaturas marinas y una pléyade de vecinos. No querían perderse los primeros momentos de la cabalgata. Los que se quedaron con esa imagen y no continuaron, yéndose a casa, se perdieron la gran fiesta. Sí, porque el grueso de la caravana esperaba al lado de El Corte Inglés, en el colegio San Francisco Javier, para fundirse con sus majestades.
Unidos por la idea del mar, allí se pudo ver de todo. Desde una carroza inaugural que surgía como un barco fantasmagórico (con sus marineros entregados a la música electrónica como si del Sónar se tratase) a la carroza llena de pececitos que con el lema Inventando el futuro aportó Repsol, pasando por una gran embarcación pirata que regaba de caramelos a los espectadores. A medida que avanzaba iba reunieron a más y más público. Desde Cuatro Caminos hasta la plaza de María Pita, pasando por Linares Rivas y los Cantones.
Al llegar a la Marina, la expectación se multiplicó. Iluminados con potentes focos la comitiva hizo su último tramo en olor de multitudes. Con los padres aún más emocionados que los niños, la caravana se introdujo en María Pita lentamente. Como un puzle se encajaron las carrozas y empezó otra fiesta. La chocolatada de los más peques.