Fusiones, consorcios y mancomunidades

A CORUÑA

20 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Los ecos de los plenos en los que Oza dos Ríos y Cesuras dieron luz verde definitiva a su integración se van apagando mientras se abre otro debate. Hace cincuenta años, el alcalde Sergio Peñamaría de Llano, célebre por, entre otras muchas cuestiones, poner en circulación el mejor lema turístico de la ciudad -donde nadie es forastero-, lanzaba una idea entonces pionera: proponía una reunión «inminente» con los regidores de Arteixo, Oleiros y Culleredo «para abordar la fusión de los municipios». Se cumplían cincuenta años entonces de la integración de Oza y A Coruña, que, aun así, conforman la segunda capital de provincia más pequeña de España. Su propósito acabó como todo el mundo sabe. Peñamaría dejó de ser alcalde a finales de 1963, tras inaugurar el aeropuerto de Alvedro, uno de los pilares del desarrollo de la comarca y cada ayuntamiento siguió por su lado, con experimentos fallidos, como el de la Mancomunidad, o con puntos de encuentro como el Consorcio As Mariñas.

El minifundismo. Medio siglo después, solo la valentía política de dos alcaldes, Pablo González y Julián Lucas, ha permitido sacar adelante un proceso de integración de municipios que ha sido torpedeado por intereses poco claros desde distintos ámbitos, no solo en el plano político, por una oposición dispuesta a levantar cualquier bandera que le sirva para erosionar al gobierno, sino incluso desde dentro, con algunos personajes temerosos de perder sus roles. El hecho de conservar algún pequeño privilegio personal ha servido para intentar defender un minifundismo que en pleno siglo XXI y con la crisis actual parece insostenible más allá del oportunismo político o la defensa de los intereses propios. Aunque ahí también conviene recordar la necesidad de que los que gobiernan cumplan sus compromisos y legislen de la forma más conveniente para que prevalezca el bien común por encima de ese mal entendido minifundismo.

Cooperación y optimización. Aunque son muchos los alcaldes y concejales que no quieren perder su silla -«se queren invadirnos os da Coruña sacaremos as escopetas», se le oyó decir a uno de ellos esta misma semana- o incluso pretenden imponer decisiones sobre el gobierno de la metrópoli, lo cierto es que la comarca coruñesa necesita aunar todas sus fuerzas para consolidar su condición de dinamizador económico y captar nuevas inversiones. A Coruña es un ejemplo de que las divisiones territoriales no son más que rayas sin sentido en unos mapas: el aeropuerto pertenece al término municipal de Culleredo, el puerto exterior al de Arteixo y Cambre y Oleiros se han convertido en dos municipios dormitorio, con sus propias peculiaridades. Entre todos ellos suman el 42 por ciento del PIB gallego. Aunque luego se tarde más de un año en tramitar una simple ordenanza para compartir el uso de una depuradora que tiene que sanear el agua de medio millón de personas.