El cortoplacismo electoralista de muchos políticos convierte decisiones que deberían ser lógicas en auténticos concursos de disparates de los políticos. Es el caso de la tan reclamada reordenación de la planta municipal. Esta semana el tema ha vuelto a lo grande. Mar Barcón lo sacó de nuevo a la palestra con una idea de la que La Voz se hizo eco en portada hace poco más de un mes: la unión de A Coruña y Arteixo. Su sugerencia le da varias ventajas estratégicas. La primera pasa por intentar arrebatar una de las banderas de las que el PP ha hecho gala en solitario durante los dos últimos años. La segunda, proponer al fin una idea de futuro a la que atar un proyecto político que no ha parado de dar bandazos en los últimos seis años, primero condicionados por la alianza de Javier Losada con el BNG y luego, de forma más traumática, por la derrota total en las urnas y el abandono de la alcaldía tras 28 años.
Reflexiones lógicas. Que la idea es el futuro no lo discuten más que los adalides del minifundismo. El crecimiento de la capital metropolitana es inevitable. Hace justamente un siglo, la antigua ciudad dio un salto cualitativo con la anexión de Santa María de Oza. Aquello supuso triplicar la superficie de A Coruña y adquirir el suelo para instalar el motor industrial de la comarca: la refinería, los polígonos de la Grela y Pocomaco... La unión con Arteixo tendría los mismos efectos multiplicadores. A los 38 kilómetros cuadrados del casco urbano habría que sumar los 97 del municipio limítrofe. Y también los nuevos desarrollos industriales de Morás o el entorno del puerto exterior, que aspira a convertirse en la gran plataforma logística del noroeste. Juntos serían la primera ciudad de Galicia por capacidad económica y rozarían también esa condición en población, con 280.000 habitantes.
La doble moral. El problema es de credibilidad política. La primera respuesta a Barcón no vino del PP, que lleva meses trabajando en varias posibilidades. La hizo el portavoz arteixán del PSOE, Martín Seco, rechazando de plano el futuro más lógico y positivo para toda la comarca coruñesa. Y fue secundado por algunas voces del BNG, también ancladas en el minifundismo. El alcalde de Arteixo, Carlos Calvelo, respondió con los agravios históricos y una versión del «Coruña nos roba» anacrónica y fuera de lugar. Y Carlos Negreira, el verdadero impulsor de la política de racionalización municipal del PP y bajo cuya dirección se ha hecho la única unión en medio siglo, Oza y Cesuras, tiró del pasado para echarle en cara a Barcón la incapacidad del PSOE para hacer funcionar una Mancomunidad que solo se reunió tres veces, incluida la última para disolverse, o el carácter insular del socialismo coruñés con sus planes de urbanismo o movilidad. Sin olvidar la farisea postura del exministro Fran Caamaño, recurriendo en los juzgados el proceso de Oza y Cesuras. Reproches, por lo tanto, hay para todos. Lo que urge son acuerdos. Y decisiones valientes.