A través del voto en contra, Sada Popular reprocha al alcalde no hacerle partícipe en las grandes decisiones del Concello
30 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Ser novato en política tiene muchas ventajas. Ernesto Anido puede presumir de una hoja ética intachable. Gobierna un municipio plagado por el caos urbanístico. Pero sobre él no pende ni la sospecha de una teja mal colocada. Simplemente porque él no estaba en este mundo de siglas políticas, declaraciones y reproches públicos.
Pero ser novato en política arrastra aún más inconvenientes. El alcalde de Sada no miente cuando relata que ha elaborado un plan general en tiempo récord, que ha desatascado la enrevesada situación del puerto deportivo o que incluso podría explorar una salida para la deprimente playa urbana. Pero esta semana ha visto tambalearse toda su gestión, los frutos conseguidos y los objetivos próximos. Porque esta semana se ha dado de bruces con una realidad que tenía olvidada: necesita que los cinco concejales de Sada Popular levanten la mano al mismo tiempo que él. Sin ese pequeño detalle, no solo no habrá coordinador -a través de sesión plenaria-, tampoco habrá presupuestos o, lo que sería trágico para él, la aprobación definitiva del plan general podría quedarse sobre la mesa de un pleno hasta el siguiente mandato.
Un político veterano habría mimado más a sus compañeros de gestión, le habría participado de las cuentas y no habría permitido que se enterasen de procesos fundamentales de la vida del Concello a través de la prensa. Las concejalías de Sada funcionan como compartimentos estancos lejos de la sintonía mostrada por el BNG y el PSOE en el anterior mandato, donde López Soto y Raquel Bolaño llevaron a cabo una gestión más transversal de todas las concejalías. Durante el gobierno anterior, las dos fuerzas de izquierdas siempre votaron en perfecta sintonía.
A vueltas con el coordinador
El problema de Anido no es el fichaje o no de un coordinador municipal que cuesta 70.000 euros a las arcas. Su verdadero problema es que no ha sido capaz de transmitir a la sociedad de Sada la idoneidad de esta figura, más aún después de que el primer nombre contratado para este puesto no cumpliera sus expectativas y tuviese que decir adiós antes de cuatro meses. Por otro lado, se trata de un cargo inédito en los ayuntamientos de alrededor, lo que exige un plus de explicación para acordar su fichaje.
Esta semana el PDSP votó de forma diferente al alcalde sobre una cuestión procesal del coordinador. Es presumible su disconformidad real en este asuntos que siempre ha respaldado con fidelidad. Pero sobre las manos alzadas contra Anido pesa la sospecha de que Ramón Rodríguez Ares comienza a entrar en juego en el gobierno de Sada que tuvo que abandonar a causa de una sentencia. El voto en contra puede leerse también como la ratificación de que Moncho volverá a empapelar fachadas con su rostro en el 2015. Tendrá entonces 75 años y un rival joven pero desgastado por imponer la imparcialidad en una población acostumbrada a los atajos de Moncho por la vía rápida.
Pese al malestar de los concejales del PDSP con Ernesto Anido, la ruptura de gobierno es de momento impensable. La colisión en las votaciones es un aviso cosmético y ahora le toca al alcalde mover ficha. Ayer mismo posó en un acto comercial con el concejal que le presentó la enmienda al coordinador. A nadie se le puede acusar de haber perdido las formas en este amago de divorcio, y las mociones de censuras son impensables en Sada con la bipolaridad ideológica dibujada en su corporación. Anido agotará el mandato en el 2015 y de él dependerá si lo hace en armonía con sus socios. De él y de lo que quiera apretar Moncho.
Análisis