Hay quien jocosamente se refiere a Ernesto Anido, el alcalde de Sada, como el Kennedy de las Mariñas. El regidor fue la gran sorpresa de las municipales. Apareció por sorpresa como cabeza de cartel y aprovechó esa circunstancia para imponer su frescura y unos modos nuevos de hacer política. Mantuvo su hoja de ruta y dijo que no pactaría con nadie. Obligó al histórico Ramón Rodríguez Ares, un histórico salido del PP, a respaldar su candidatura para no poner la alcaldía en manos del BNG. Entonces, Tito admitió que la herencia de Moncho «era una mochila muy pesada». El pasado jueves, decidió dejarla en el suelo, aún a costa de quedar en una minoría evidente. El 2014 es año preelectoral y cada partido, especialmente los independientes, busca sacar el máximo rédito a sus posiciones con vistas a las siguientes citas con las urnas. En una época en la que son muchos los políticos que pasan con asiduidad por los juzgados, Anido ha conseguido mantenerse incólume. La lista de agravios a esgrimir por su antiguo socio suena más a pataleta que a diferencias políticas. Anido tendrá que hacer buena una de sus virtudes, el diálogo, para evitar perjuicios a los sadenses.