Dolce vergüenza

Carlos Marcos

A CORUÑA

23 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El cierre de Dolce Vita no es noticia. Es tan solo el final anunciado para una desastrosa gestión urbanística ideada desde la irresponsabilidad y alimentada con la ingenuidad del nuevo rico, equivocado, que dilapida su fortuna sin ton ni son. Es el primero, no será el último.

Hace muchos años advertimos de la necesidad de realizar una auditoría en la ciudad para prever cuanto suelo comercial admitía La Coruña para que los nuevos grandes centros fueran viables en razonable convivencia con nuestro comercio tradicional, santo y seña de la personalidad coruñesa. No se atendió nuestra demanda y con la fuerza de un mulo con los ojos tapados, nuestros políticos generaron, sin programación alguna, centros y centros comerciales que daban la espalda a la tozuda realidad. Hoy con el cierre de Dolce Vita cabe preguntarse quien o quienes actuaron con tanta irresponsabilidad. Hay que recordar que el PSOE desde María Pita y el PP desde Santiago repartían con sospechosa generosidad, primeras y segundas licencias para la explotación de estas moles comerciales. Ahora algunos callan, otros echan balones fuera, pero quien ha perdido indubitablemente es nuestra ciudad. Sacrificaron al pequeño comercio, inflaron una burbuja comercial predestinada a estallar y ahora golpean dolorosamente la credibilidad de La Coruña que será mirada con lupa por cualquier inversor que pretendiera iniciar un proyecto generador de riqueza y trabajo para los coruñeses.

Imposible olvidar a aquel concejal socialista que en la inauguración de una nueva superficie gritaba: «La Coruña parece Las Vegas». Hasta tal punto llegaba el delirio y la ignorancia de quienes nos abocaron al precipicio. Curiosamente, como pasa en la Ciudad de la Cultura de Compostela, el proyecto comercial alocado coruñés no tiene padres. A pesar de que PSOE y PP comparten responsabilidades en el desastre, nadie entona un mea culpa y más bien se limitan a decirnos a los ciudadanos: ¡Ahí os queda eso! Cual Pilatos se lavan las manos y juegan a confundirnos con proyectos futuros, realidades virtuales o exigiéndonos ejercicios de fe ciega a favor de quienes han demostrado falta de talento, grave irresponsabilidad y desconocimiento profundo de la realidad coruñesa. No es dulce lo que aquí pasa, es una vergüenza.