El ente supramunicipal urge a la Xunta a que le ceda el viejo Ligal para reconvertirlo en su nueva sede y evitar que el deterioro encarezca las obras
22 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.La actual sede del Consorcio As Mariñas está a unos pocos metros de su próximo domicilio, más arrimado a la orilla de la N-VI, en Guísamo. Los nueve alcaldes pasarán a reunirse en el edificio donde hasta hace unos años se certificaba la leche de todas las explotaciones de Galicia. Pero, actualmente, es una inmueble fantasma, una ruina que aún retiene numerosos vestigios de su pasado de laboratorio. Habrá mudanza, pero se prevé a largo plazo. Esta misma semana el pleno de alcaldes lanzó públicamente un nuevo aviso a la Xunta, titular del edificio, para que lo suelte con celeridad. Porque cada día que pasa el deterioro crece y las obras de reparación y puesta a punto se prevén infinitas.
Al asomarse por una de las puertas laterales da la sensación de que la gran casa está ocupada. Se oyen golpes en el interior, pero es el viento y la fiesta que monta en un edificio que ya hace mucho envejece sin ventanas que lo protejan. De hecho, aquí se ha producido alguna detención pillando in fraganti a quienes intentaron vender por piezas la antigua sede del Ligal (Laboratorio Interprofesional Galego de Análise de Leite), después de su traslado a Abegondo. En apenas unos años, este rincón de Bergondo ha perdido dos referentes en el mundo ganadero como son el laboratorio y la Unidad de Transferencia Embrionaria de Bos, desactivada durante la etapa de Samuel Juárez como conselleiro de Medio Rural.
Con cargo al propio ente
Cuando la Xunta dio el plácet, sin fecha, para que el Consorcio ocupe el viejo Ligal, el presidente José Antonio Santiso Miramontes avanzó que la propia entidad que agrupa a los nueve concellos «acometerá las obras de reforma y asumirá los gastos de mantenimiento de las nuevas instalaciones».
Y se antoja una empresa compleja y larga, a tenor del estado actual del antiguo complejo, lugar en el que ya han dejado su huella algunos grafiteros y donde se han celebrado varios botellones. A pesar de los constantes saqueos -todos los falsos techos han sido arrancados de cuajo para acceder al cobre de los cables-, allí aún quedan ordenadores, impresoras, probetas y demás elementos de laboratorios, una nevera por la que pasaron miles de muestras y una cubierta del aparcamiento exterior totalmente retorcida por las últimas ciclogénesis. Y por el suelo infinidad de cristales se mezclan con folletos y papeles, como los documentos de identificación para bovinos de cuando la consellería se denominaba «de Política Agroalimentaria».