Tiene razón Mar Barcón en que, a poco más de cien días para la cita con las urnas, casi todo lo que se dice o hace tiene un claro tufillo electoralista. Tanto por parte de los que gobiernan como de los que opositan, conviene recordarlo.
Pero ese argumento no debe invalidar la realidad. Durante los últimos lustros, la gestión municipal -política y técnica- ha tenido algunas lagunas que van saliendo a la luz a cuentagotas. Las dudas sobre la gestión de las concesiones municipales siempre han existido. Acusaciones de amiguismos o privatizaciones encubiertas se han sucedido a lo largo de las últimas décadas. A Barcón deben de sonarle, porque ha sido concejala de gobierno entre 1999 y 2008. Cierto que el PP podría haberse dado más prisa en la auditoría interna, pero la imposibilidad de encontrar incluso la documentación de algunas adjudicaciones de no hace tantos años ha dilatado más de lo previsto una regularización que será una nueva vía de ingresos para la ciudad a muy corto plazo.
Así, se ha encontrado una cafetería que no pago canon durante 25 años, párkings cuya deuda es inabordable y muchas otras irregularidades sobre las que todos los que han tenido responsabilidades de gobierno -sí, también el BNG entre el 2007 y el 2011- deberían explicarse. En apenas un año, el Ayuntamiento ha recaudado casi 1,3 millones más por este concepto. Y aún quedan por regularizar una veintena de concesiones. ¿Electoralismo? ¿Mala gestión? El votante decidirá.