Del jacuzzi al restaurante de guardia

Xurxo Fernández Fernández
xurxo fernández A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

El Dépor empezó la fiesta en el vestuario del Camp Nou y se quedó sin cenar al no llegar las pizzas

25 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

«Por favor, señorita, lo que yo necesito es llegar al vestuario». La cabeza apoyada en el brazo, recostado contra la pared del elevador, las piernas temblando todavía de la emoción. Y una urgencia enorme por alcanzar la caseta que chocaba con el desconocimiento de la ascensorista acerca de las entrañas del Camp Nou: «Yo le voy a dejar en este piso y pregúntele usted a algún chico con tarjeta verde». Así arrancó Manu Sotelo su particular fiesta de la permanencia. Apartando aficionados culés para abrirse camino hacia el verde después de bajar a la primera planta desde la cuarta, donde había aportado perspectiva aérea al cuerpo técnico blanquiazul. Sobre la hierba lloraba ya desconsolado Fabricio, el chico de oro del preparador de porteros blanquiazul, uno de los artífices, el sábado y durante toda la campaña, de la bola extra para el Dépor en la máxima categoría. Lloraban también Laure y Bergantiños, y Manuel Pablo hacía un esfuerzo enorme por no sumarse a su llanto.

El capitán había saltado trajeado al campo, procedente de la grada en compañía del resto de descartados, que junto a titulares y hombres de banquillo recibieron primero las felicitaciones del elenco blaugrana por la gesta y se entregaron de inmediato a festejar el milagro. El Barça amplió más allá de los 90 minutos su control sobre el césped y lo reclamó para despedir a Xavi, así que los coruñeses acudieron rápido a una esquina para aplaudir a su irreductible afición e hicieron mutis por el túnel para llevar la fiesta al vestuario.

Entrenador al agua

Allí entraron al grito de «Sí se puede», perfectamente audible desde la zona mixta, y rompieron con la tradición del manteo al míster. Como alternativa, Víctor Sánchez fue arrojado al jacuzzi, al que después saltaron Insua, Costa, Lopo, Oriol, Borges, Bergantiños, Juan Domínguez y Salomao. El técnico madrileño tuvo que acudir a sala de prensa enfundado en la camiseta de Manuel Pablo, su compañero de banda aquel año en que el Deportivo ganó una Liga. Toché fue de los que llevó la voz cantante en la caseta, recorriendo el repertorio habitual.

Lo hizo en versión abreviada, porque el avión no podía esperar y se escapaba el bus al aeropuerto. Tanta era la prisa, que la plantilla se quedó sin cenar. Las pizzas encargadas para aplacar el hambre no llegaron y los futbolistas blanquiazules se quejaron con ironía durante el vuelo, donde también dedicaron cánticos a la escasez de cerveza a bordo.

Durante el trayecto se destapó un nuevo candidato a Pepe Reina. David Dóniga, el todavía poco conocido ayudante de Víctor Sánchez, se apoderó del micro y empezó a pedir raciones virtuales, reclamando coro para bromear sobre los retos superados, los rivales y algunos miembros del plantel.

«Tino suelta la pasta»

Entre las chanzas no faltaron voces que deslizaran una petición al presidente, que había visitado al equipo en el descanso del partido decisivo y había presenciado en primera línea los festejos al final del duelo. «Tino suelta la pasta», cantaron varios, por si se escapaba alguna prima.

Después vino el baño de masas de Alvedro, con Lucas alzado en hombros hacia la salida, y exaltación del plantel como desenlace a una campaña sufrida desde el primer día. Paseo en autobús por Cuatro Caminos y dispersión al llegar a Riazor, para celebrar el éxito en grupos reducidos y buscar un restaurante de guardia en el que matar el hambre y no brindar por la permanencia con el estómago vacío.