La venta del hotel y el complejo deportivo servirán para empezar a hacer frente a los pagos de una deuda que asciende a más de 300 millones de euros. Esos fondos fueron destinados, por un acuerdo estatal del 2005, a la financiación del puerto exterior. La venta de terrenos era uno de los compromisos asumidos para aliviar esa carga en una entidad que factura, cada año, no más de 24 millones de euros.
Se suponía, por otra parte, que la apertura de Langosteira iba a atraer a un gran número de empresas a sus miles de metros cuadrados disponibles. Esas firmas, mediante el pago de tasas contribuirían a aumentar los ingresos de la Autoridad Portuaria coruñesa y a mejorar su situación.
Sin embargo, pese a que el puerto exterior está operativo desde el año 2012, nada de eso ha sucedido. Todavía quedan obras en marcha e inversiones pendientes -como el tren-, pero tres años y medio después de su puesta en funcionamiento, y tras haber invertido cientos de miles de euros en un plan comercial internacional que llevó al presidente del Puerto, Enrique Losada, a países como Estados Unidos, China, Brasil e Inglaterra, entre otros, todavía no se ha conseguido que ninguna compañía nueva se instale allí. Las tres que hay son firmas que ya operaban en los muelles interiores, y Repsol, que también está en San Diego, no se mudará parcialmente hasta el 2018. El anuncio hecho en su día de que Pemex llegaría a Langosteira se quedó también por el camino. «El puerto exterior va a ser un motor y un polo muy importante para la generación de actividad, empleo y riqueza», dijo ayer Losada. Por el momento eso no se está viendo y la creación de puestos de trabajo, más allá de las obras, es actualmente muy limitada.