La próxima liberación de los muelles obligará a tomar una decisión sobre el proyecto urbanístico
12 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Hay decisiones con resultados difícilmente corregibles cuando no son las correctas. En el año 2001, tras una pugna que muchos recuerdan, Bofill y Portela se impusieron a Nouvel para proyectar los edificios que sustituirían a la antigua Estación Marítima. Couceiro presidía el Puerto en el 2001, cuando el consejo de administración apoyó las alas de gaviota. Solo votó en contra un consejero, Jesús Etchevers. Aquel fue uno de los últimos grandes cambios en el puerto y en su integración urbana. El 3 de marzo del 2005, un seminario sobre cirugía del hombro y el codo inauguraba Palexco. Desde entonces, congresos hubo muchos, pero vistas al mar, pocas.
La decisión de hacer Palexco y el centro de ocio -que acabó, en la práctica, casi vacío-, pone de relieve la importancia de pensar con detenimiento en el futuro de la fachada marítima. No era esa la primera vez que la ciudad amanecía peor de lo que estaba. A finales de los sesenta, y tan solo a unos metros de ese lugar, había ocurrido algo parecido. El hotel Atlántic -modernista- fue derribado para erigirse en su lugar el Atlántico, un edificio estéticamente cuestionable y que goza -o gozaba antes de Palexco- de inmejorables vistas, las mismas que tapa.
La inversión realizada en el centro comercial y en el de congresos superó los 45 millones de euros hace década y media. Aquello se hizo para abrir el puerto a la ciudad, pero el resultado, para una gran mayoría de vecinos, no fue el deseado. La Solana y el Finisterre, dos creaciones de los años cuarenta, encontraron mejor acomodo en la malla urbana, también en terrenos portuarios que no tenían uso como tales.
No hace tanto, el paseo marítimo -en los noventa- cambió otra zona emblemática de la ciudad. El varadero del Parrote, no tan remoto en el tiempo, dejó de serlo. Lo que ahora está en juego es algo de mucho mayor calado, la línea que va desde Calvo Sotelo -plaza de Orense- a San Diego.
Lo que hay sobre el papel son posibilidades de construir frente al mar edificios comerciales de hasta nueve alturas y, en San Diego, bloques de viviendas de hasta seis. Mirando al hotel Atlántico o a Palexco, parece aconsejable pensar con cautela. Los partidos ya han dicho que hay que cambiar el modelo porque el 2017 nada tiene que ver con el 2004, pero ninguno ha indicado qué es lo que quiere hacer y dónde.