José Antonio López: «Las parejas que se separan generan muchas mudanzas»

La Voz

A CORUÑA

EDUARDO PEREZ

El presidente de la Asociación de Empresarios Agrela, administrador de Mudanzas Hércules, es defensor del asociacionismo

26 nov 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

A los 40 años fumaba tres puros al día. Pesaba 143 kilos y comía y bebía sin control. En el 2015 tenía la tensión disparada. Le diagnosticaron una fibrilación auricular y pasó por el quirófano. «Ahora estoy como una rosa y aprendí a ver las cosas de una manera diferente. Pasé de 143 a 107 kilos y cambió mi vida. No volví a tomar una copa, descubrí el salvado y la avena y redescubrí la fruta», comenta José Antonio López López.

El presidente de la Asociación de Empresarios de Agrela tiene 45 años y es administrador de la empresa familiar Mudanzas Hércules. «Calculamos que fue fundada en 1924. Mi abuelo vino de Chantada. Era un tipo listo, empezó de portero y acabó en la compra-venta de inmuebles. El fundador de la empresa le alquiló un bajo en la calle Arco y ahí se conocieron. En la Guerra Civil le pidieron los camiones y aquel hombre se fue con ellos y murió de una neumonía. Mi abuelo compró la empresa y también fundó Auto Radio», relata el responsable de la firma de mudanzas en la que trabajan 28 personas y que cuenta con una flota de 15 camiones.

«Denominamos la capilla al sofá, el mueble del salón y la tele de gran tamaño. Es un negocio que te permite ver la realidad social del país, si hay o no crisis y cómo cambian los tiempos. Las separaciones generan muchas mudanzas y hay jóvenes a los que ya les hicimos cinco por razones de trabajo», analiza.

El futuro de Agrela

Es padre de un niño de 7 años que es alumno del colegio Eusebio da Guarda, al lado de donde charlamos, en la cafetería Manhattan. José Antonio, coruñés de Os Mallos, nació en el antiguo hospital Labaca, ahora Centro Oncológico, y estudió en Santa María del Mar. «Quise ser inspector de Hacienda. Terminé Económicas. Mi entonces novia, ahora mujer, estaba preparando oposiciones a juez y me di cuenta de lo duro que resultaba aquello. Entonces me metí en el negocio familiar. Más adelante entré como secretario de la asociación de empresarios hasta que me comprometí a ejercer de presidente, pero solo por dos años. No voy a tener tiempo de hacerlo mal», resume este defensor del asociacionismo. «Te permite conocer mucha gente y otras realidades. Las personas que triunfan lo llevan en los genes», asegura.

José Antonio López cree que las claves del futuro del polígono pasan por «potenciar el área comercial, que se implanten empresas que creen valor añadido y que subsistan las que hay», destaca. Hace unos meses compartió tertulia en Radio Voz con presidentes de otros polígonos. «Aquel día creamos un grupo de WhatsApp y de ahí surgió un clúster. Con nuestras características propias hay más cosas que nos unen. Por ejemplo, Pocomaco y Agrela tienen que ir de la mano», analiza. Por cierto, el 1 de diciembre termina el plazo para apuntarse al sorteo de 15 vales de 200 euros que la asociación pone en juego entre las personas que compren en las empresas de la zona.

El olor a gasolina

«Me encanta todo lo que huele a gasolina», confiesa. Tenía una buena colección de motos y decidió regalarlas. «No me maté de milagro y, cuando tuve el niño, decidí desprenderme de ellas», recuerda. Camina un mínimo de 10.000 pasos al día. Se compró una bici de montaña eléctrica en la que pedaleó de Pedrafita a Santiago. Dice que se le da bien escuchar y que se organiza bastante mal. «Soy impaciente e impuntual», confiesa este coruñés más aficionado al motor que al fútbol pero que se declara seguidor del Silva, el Deportivo y el Atlético de Madrid. Nos despedimos. Nos mudamos a nuestras respectivas casas.