Cientos de adolescentes llenaron el Obelisco en contra de la sentencia de La Manada
11 may 2018 . Actualizado a las 10:39 h.Ayer la clase la dieron los chavales, en su mayoría menores de edad, que vaciaron las aulas convocados en toda España por el Sindicato de Estudiantes y la plataforma Libres y Combativas, y salieron a la calle para manifestar su rechazo a la sentencia de La Manada. «Somos el futuro. Si no actuamos nosotras, ¿quién lo va a hacer?», se preguntó Jennifer, estudiante de ESO, después de leer un manifiesto seguido a duras penas por los cientos de jóvenes que la rodeaban en el Obelisco coreando consignas en un bucle ensordecedor.
«Muchos niños, y niñas también, aún no se han enterado de que el feminismo no es el machismo al revés y te dicen que ellos defienden el igualismo. Y flipas mucho», explica Martina, alumna de ESO del Eusebio da Guarda y voz cantante de un grupo de siete chicas y chicos de 15 años que acudieron a la protesta «porque hay que dar un paso y sobre todo, para que la víctima no se sienta sola. En mi casa están encantados de que esté aquí, pero hay padres que no dejan venir», advirtió la portavoz.
Los siete fueron creando el relato cotidiano de la violencia machista en su círculo más próximo. «La mitad de mi clase piensa que soy lesbiana, porque soy feminista y ser feminista significa ser feminazi o ser lesbiana», explicó Martina. «A mí me molestan los piropos. Son machistas, el trasfondo es sexual y te invade y te agobia. No es como si alguien te dice que le gusta tu camiseta», ilustró Malena. «Si un chaval dice que es feminista es que es gay, bueno, eso piensan los demás», aseguró Álex, que no dudó en confirmar las descalificaciones «a una niña cuando sale con varios chavales: es siempre una puta».
Las consignas
La desigualdad y la violencia atravesaron los testimonios, las proclamas y la nube de carteles que exhibieron sobre las cabezas decenas de jóvenes de 14, 15 y 16 años: «Somos o grito das que xa non están», «non son tarados, son fillos do patriarcado», «nos quitaron tanto que nos quitan hasta el miedo», «non é abuso, é violación», seguían gritando una hora después del arranque de la concentración. Ni siquiera cuando comenzó la lectura del manifiesto, en el que condenaron a los jueces «que alientan el machismo contra nosotras» y al PP «por pedir que denunciemos las agresiones», cesaron los cantos.
A diez metros, un grupo de músicos que participaban en un acto contra el cáncer trataba sin éxito hacer oír su voz. Hasta que a alguien se le ocurrió ofrecer a los muchachos la amplificación para que expusieran su causa, «la de todos», concedió el músico portavoz, y a continuación poder dar el miniconcierto que estaba previsto. Y así fue. En el tiempo escaso -casi estaba todo dicho- en que los chavales dispusieron de micrófono, una estudiante de bachillerato, María, se acercó para leer un texto en el que explicó que «ser mujer conlleva tener todos los días un peso encima cargado de miedo (...) Ojalá no nos inculcaran el miedo a la libertad. Ojalá nos dejaran ser libres».