
La pianista Varvara y el director Vassily Sinaiski interpretaron música rusa con la OSG
23 abr 2023 . Actualizado a las 05:00 h.OSG. Varvara, piano. V. Sinaiski, director musical. Obras de Prokofiev y Chaikovski. Palacio de la Ópera, 21 de abril.
La temporada de la OSG recibió a la pianista Varvara y al director de orquesta Vassily Sinaiski para un programa en torno a música rusa que se abrió con el Concierto para piano y orquesta nº3, de Prokofiev.
Varvara es una artista elegante en el fraseo y sensible en las maneras; pero su temperamento quedó algo alejado de la naturaleza de esta obra, siendo en los fragmentos más líricos (en especial en el segundo movimiento) donde encontró mayor lucimiento. Sinaiski sacó muy buen sonido de la orquesta; aunque no pudo evitar que, a veces, la solista (a la que se le pudo pedir mayor empuje en algún pasaje) quedase sepultada por la masa orquestal, perjudicando el balance.
A lo largo del concierto todo se fue templando, pero el carácter que Sinaiski imprimió a la orquesta le faltó a una Varvara que podría haber escogido una obra más acorde a su sentir: se crece en lo pequeño, en lo íntimo.
Hubo detalles de mucha clase (impresionante el Nocturno de Chaikovski del bis, prodigio de delicadeza). Sin embargo, a pesar del buen rendimiento de la orquesta, quedó cierta sensación de falta de diálogo.
Complicidad
La OSG dio lo mejor en una Patética de Chaikovski en la que las cosas mejoraron. Sinaiski la llevó con gesto claro, sonido grande y orden en los planos. Tuvo la complicidad de un conjunto seguro y bien empastado (metal impecable, con ataques certeros, madera cálida y cuerda cantante en el segundo movimiento).
Hay que destacar, por fuerza, al clarinete en el movimiento inicial. La versión fue in crescendo, alcanzando los mejores momentos en los pasajes de mayor garra, en especial un tercer tiempo lleno de fuste.
Faltó un punto de sal y pimienta a los pasajes más íntimos, pero el maestro demostró conocer bien la obra y la orquesta tuvo un buen rendimiento global.
Aunque los ingredientes de partida eran buenos, algo más de temperamento por parte de todos hubiese redondeado la noche.