PP Arnold, por si no la conocían

Miguel Cebrián / R. D A CORUÑA

A CORUÑA

La voz de la imperecedera leyenda del soul inundó la plaza de Azcárraga en su actuación para el Festival del Noroeste

07 ago 2025 . Actualizado a las 21:00 h.

Hay nombres que con los años corren el peligro de pasar desapercibidos. El de Patricia Ann Cole, PP Arnold, (Los Ángeles, 1946), fue uno de ellos. El jueves sus iniciales se mimetizaron entre los que, como ella, iban a robar el tiempo de los que fueron a escuchar música en la plaza de Azcárraga, en el Festival Noroeste Estrella Galicia.

Sin embargo, hay huellas que el tiempo no puede borrar. Arnold, la mujer mayor que cantó en la Ciudad Vieja de A Coruña, ha tocado con prácticamente todo el mundo. Los que tomaron la decisión acertada de verla actuar tuvieron delante a una mujer a la que el propio Mick Jagger tuvo que persuadir para que firmara un contrato discográfico. Que fue amiga y vecina del mejor guitarrista de la historia, Jimi Hendrix, e Ikette en la gira de Ike and Tina Turner.  Además de haber colaborado con artistas del calibre de Peter Gabriel, Rod Stewart o Small Faces. Como para borrar eso.

Arnold hizo su aparición con tranquilidad, pero a la que pisó el escenario de la plaza su energía rejuveneció. «¡Buenas tardes, Coruña!», gritó al público con una sonrisa. A los pocos segundos, las primeras notas salieron de los dedos de su pianista. Las canciones fueron sucediéndose mientras la luz del sol se iba desvaneciendo entre las hojas de los árboles. Su monólogo cesaba cada vez que acababa una canción y los asistentes tomaban la palabra a través del lenguaje de los aplausos.

«¿A quién le gusta el soul?», interpeló en un momento la cantante al público. De nuevos, las manos respondieron. «This is for you!!», gritó con una sonrisa juvenil a pesar de sus 79 años. «Pero esta mujer está estupenda, ¿pero qué dieta lleva? Está espectacular», se escuchó entre el público. Durante un momento, hasta la estatua en mitad de la plaza, con la mano en alto, parecía alentar al público. Sus miradas parecían concordar en una misma pregunta, «¿pero cómo lo hace?». La plaza se fue llenando de incrédulos y, tras frotarse los ojos, el público fue saliendo de su ensoñación y comenzó a ser más participativo. Los bailes se intensificaron, los aplausos se hicieron, si cabe, más fuertes. Sin embargo, a Lui Costas, una de las asistentes, parecía no impresionarle en exceso. «Las veteranas nunca defraudan», confirmó.

Entre el turno de Candela Liste y el de Tito Ramírez, la cantante se las ingenió para hacer un repaso a toda una vida. Representó con creces un género de música que, como su propia traducción del inglés (soul) describe; emana del alma. Algo útil, sobre todo cuando las cuerdas vocales tienden a quedarse cortas cuando, tras una vida, pretendes continuar transmitiendo. Bajo los árboles de la plaza y ante un público suertudo, Arnold contagió pasión, esperanza, alegría y fe en cada una de sus canciones. Unos ingredientes marinados por una vida difícil, pero necesaria para darle una credibilidad irrefutable en el valor último de la música: emocionar.

A los cuatro años, Arnold ya era solista vocal de gospel y a los 17 era madre de dos hijos y víctima de un marido abusador. Fue la propia Turner la que, con un sabio consejo y con el pretexto de ir a un show, la instó para que dejara a su esposo. «Si te va a pegar por nada, al menos ve el show», le recomendó. Aunque la vida de Arnold estuviera marcada por la tragedia (perdió a una hija tras un accidente de coche, vio morir a muchos compañeros de industria y fue rechazada por muchos sellos), siempre encontró el espacio para cantar.

Tras mudarse al Reino Unido (donde llegó a decir que «una joven negra sola en Estados Unidos en un entorno blanco no habría sido tratada tan bien como yo en Inglaterra»), alcanzó el reconocimiento del país con sus singles The First Cut Is the Deepest (original de Cat Stevens), Angel of the Morning y (If You Think You’re) Groovy, además de convertirse en un icono del dance ochentero y de muchos más proyectos. Su último trabajo fue en 2019 a través de una gira autobiográfica homónima de su álbum The new adventures of...P.P Arnold. 

Ahora, la plaza de Azcárraga también figura dentro de su recorrido vital. Este jueves, los que fueron a verle también tuvieron la suerte de no precisar de consumición. La propia Arnold sirvió un cóctel compuesto de superación, talento, amistades memorables y perseverancia lo suficientemente cargado como para llenar estadios. O plazas arboladas en ciudades gallegas.