El postre italiano, otrora exótico, ya ha consolidado su amplio espacio independiente en los supermercados
21 nov 2025 . Actualizado a las 13:18 h.Que en noviembre te planten en el supermercado la mesa de los turrones, lo hemos normalizado. A nadie le sorprende. Una vez pasado Halloween —otra fiesta ya típica aunque empezase a celebrarse aquí anteayer—, toca. Que los sabores de estos vayan desde el chupachups al dónut, pasando por las galletas Oreo, estamos a punto de asumirlo sin levantar una ceja. Este año hemos visto cómo un postre otrora exótico como el panetone ya ha consolidado su amplio espacio independiente, comiéndole terreno a los mazapanes, polvorones y mantecados. Al menos en mi súper es así. Ocupa la misma mesa que en carnaval acoge los lacones, chorizos y grelos. Palabras mayores.
Este riquísimo bizcocho originario de Milán se difundió especialmente en Latinoamérica a través de la emigración italiana. Aquí era un poco una rareza. En los noventa lo traían los tíos de Inglaterra o Suiza. Empezaron a hacerlo algunas pastelerías. Y, poco a poco, fue colándose en formato industrial, copando los establecimientos coruñeses. Cuando nos quisimos dar cuenta, se convirtió en un clásico imprescindible de la Navidad. Adelantó por la derecha a otras añejas delicias. Como pasa con los turrones, el abanico de opciones se abre. Lo tenemos clásico, de chocolate, relleno de pistacho, recubierto de crema... y, de aquí a cinco años, se venderá de chupachups y todo lo demás. Además, para gourmets, están siempre las pastelerías que lo sirven artesano. Hay tiendas que incluso lo traen de importación. También está disponible de marca blanca por poco más de cinco euros. El caso es que el panetone está ahí como algo obligado. Para un niño coruñés es mucho más típico de su Navidad que, por ejemplo, un rosco de vino. Y en el súper ya tiene el estatus del lacón. Casi nada.