Destacó la batuta de Lucas Macías al frente de la OSG en la interpretación de la «Octava» del compositor checo
22 nov 2025 . Actualizado a las 20:31 h.La OSG hizo encaje de bolillos para presentar esta temporada. En este concierto, la primera parte se modificó antes de presentar la programación al renunciar a la cantante prevista. Mozart en la primera parte y Dvorak en la segunda, destacando la batuta de Lucas Macías en el autor checo.
Las últimas interpretaciones mozartianas de la OSG (más en los últimos dos meses que en los tres años anteriores) fueron cercanas al historicismo. Lucas Macías no optó por esta vía: su Mozart (desde la obertura del Rapto en el serrallo) tuvo sonoridad más romántica y grande en contraste con semanas anteriores. ¿Es un paso atrás volver a Mozart a la romántica? Da para debate. La Sinfonía concertante K. 297b se hizo con flauta, oboe, fagot y trompa (no la habitual con clarinete, tímbricamente más atractiva) con músicos de la orquesta como solistas. Dos maneras de entender cómo tocar y articular Mozart. Walker a la flauta y Harriswangler al fagot buscaron sonoridad más grande y romántica (acorde con la batuta), mientras Rodríguez al oboe y Montes a la trompa prefirieron sonido más pequeño y clasicista (acorde con semanas atrás). Si ambos enfoques son válidos (y los cuatro solistas preparados), balance y fraseo se vieron a veces perjudicados al no unificar criterios en una versión con sus mejores momentos en el andantino con variazioni final. Cada solista se lució, aunque funcionaron mejor individualmente que en conjunto.
Notable Octava de Dvorak por sonoridad e intenciones, en una lectura briosa y resolutiva, pero de planos ordenados. Metales y maderas tuvieron una noche espléndida por empaste y redondez (la flautista Ortuño merece mención por sus solos). El adagio tuvo justo lirismo (con Dürichen, hoy como concertino, sensible) y el allegretto grazioso fue danzístico, bien conectado con el allegro ma non troppo final (metal impecable en los ataques) en una visión enérgica, con coherencia, logrando muy buena sonoridad de la orquesta. Un final efectista en exceso no empañó una versión estupenda donde la batuta de Macías creció. Antes, Mozart estuvo ahí.