«No gritar, no beber y no mear en la calle»

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Imagen de archivo de los restos de un botellón en A Coruña
Imagen de archivo de los restos de un botellón en A Coruña XOSE CASTRO

Chicos, compórtense mejor que nosotros en las noches de fiesta. No es tan difícil: la verdad es que el listón lo dejamos bastante bajo

30 ene 2026 . Actualizado a las 14:01 h.

Al lado de mi casa hay un callejón que el fin de semana se convierte en un escenario posfarra dantesco. Un vial tranquilo que de lunes a jueves luce más o menos limpio, pero que el viernes por la mañana ya muestra las señales del desfase. Sales como siempre, pero de pronto el gesto agrio se instala en tu cara ante lo que ves. Vasos de plástico rotos, limones empapados de cubata por el suelo, charcos de orina en las esquinas que hacen los contenedores contra la pared y, a veces, a modo de premio especial, una vomitona. Lo relacionas con los gritos que escuchaste desde la cama de madrugada y te preparas para lo que vendrá el fin de semana: un in crescendo de cochambre que alcanza su cénit el domingo por la mañana, cuando caminas y se te pegan los pies, como el recuerdo reseco de tu juventud.

Lo dicho: pones cara de asco, pero al mismo tiempo surge un incómodo sentimiento de Judas para tus adentros. El mismo que experimentaste cuando, enfurecido, fuiste a echarle la bronca a los estudiantes del piso de arriba porque tenían una fiesta que, ejem, era menos escandalosa que alguna en la que tú estuviste en la universidad. Sí, porque eso de «no gritar, no beber y no mear en la calle», el mensaje con el que Inés Rey resumió la campaña de convivencia del ocio nocturno, es exactamente lo que hicimos igual o peor (antes se salía con el vaso de cristal) las generaciones anteriores. Las que ahora nos quejamos de lo guarros que son los jóvenes actuales. Que muchos lo son, ojo, pero no más de lo que lo fuimos nosotros. Lo cual no es disculpa, claro, aunque sí un punto de partida para reclamar honestamente. Así que chicos, compórtense mejor que nosotros. No es tan difícil: la verdad es que el listón lo dejamos bastante bajo.