¿Pero qué letra? «La del apellido, mujer», te contestaban. Y entonces te contaban el temido momento de desempatar cuando había más niños que plazas en el colegio que querías
25 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hace no tanto tiempo, aunque ahora parezca el Jurásico, cuando tenías niños pequeños, aún en pañales, empezaban los avisos: «Ya verás cuando llegue la letra», te decían padres más veteranos, compañeros que ya tenían a los críos avanzando en primaria. Los tuyos no sabían dónde tenían la nariz y tú ya estabas preguntando «¿pero qué letra?». «La del apellido, mujer», te contestaban. Y entonces te contaban el temido momento de desempatar cuando había más niños que plazas en el colegio en el que querías matricularlos.
Eran otros tiempos. Unos en los que encontrar cole era más complicado que organizar el tráfico mientras se derriba el «escaléxtric» del Chuac. Y es que curso tras curso, te decían cuando casi estabas recuperándote del parto, quedan niños fuera en este colegio, y en este otro, y el año pasado menganito tuvo que matricular a los niños en tal centro que no era ni su segunda opción. Drama. Tu retaco aún no sabía que había una vez un barquito chiquitito, y de repente el cortisol (entonces, aunque no nos acordemos, no sabíamos que teníamos el cortisol disparado ni necesitábamos magnesio para sobrevivir) estaba ya en las nubes. Qué estrés, la letra. Tú pensabas que el peor miedo era que se cayera de la silla, pero no: la pesadilla era que tus hijos se apellidaran Díaz y la letra de ese año fuera la E.
Pero ya ni letra tenemos: hace un par de cursos que Educación la sustituyó por una cifra de 0 a 1 que luego se utiliza en una fórmula matemática. Es más justo, dicen, pero en realidad cada vez son menos quienes tienen que echar mano de este sistema. Qué puntuación vamos a desempatar, si no hay cativos con los que llenar las clases. Eso sí, el cortisol lo controlamos mucho mejor.