Del hospital a la facultad, la historia oculta de la UDC: «Tenemos un Premio Nacional de Arquitectura»
A CORUÑA
La reconversión de obras de grandes arquitectos marcó los campus de A Coruña, con construcciones icónicas de movimientos como el brutalismo
12 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Son edificios que tienen varias vidas. Y quién sabe si en el futuro pueden tener otra distinta», cuenta el profesor de Historia de la Arquitectura de la Universidade da Coruña (UDC) Antonio Santiago Río. Lo explica delante de uno de los inmuebles más icónicos, «y uno de los dos únicos edificios de A Coruña que tiene un Premio Nacional de Arquitectura», destaca. El docente y arquitecto trabaja en la divulgación de todo ese patrimonio más desconocido de la UDC que vale la pena reivindicar: el arquitectónico. La construcción a la que se refiere es el antiguo Pavillón de Colonias. Una de las naves del gran complejo hospitalario de Oza. Proyectado en 1926 por uno de los grandes de la arquitectura gallega, Pedro Mariño, autor del palacio de María Pita, en esta ala estaban las colonias escolares. Un bloque muy funcional, que aprovechaba la situación, con el viento y la playa, pero que acabó vacío.
Fue en los 90, cuando se creó la universidad, cuando se apostó por rescatar viejas construcciones abandonadas. Como esta, perfecta para los estudios de la salud, aprovechando el entorno hospitalario de As Xubias. Manuel de las Casas ganó el concurso de ideas con una intervención que añadió volúmenes y por la que le concedieron en 1999 el Premio Nacional de Arquitectura. El otro que tenemos es el Museo de Belas Artes, de Manuel Gallego. Casi 30 años después, Río remarca la necesidad de una revisión del inmueble, donde están Fisioterapia o Terapia Ocupacional, y que está prevista para este 2026.
Desde hace tres siglos
Si seguimos un orden cronológico, el Hospital de Marina, en Ferrol, es el más antiguo. Un proyecto de finales del XVIII cuya primera función fue la militar. «Fue un hospital, en su momento, muy moderno. Está formado por varios pabellones pequeños rodeados de un espacio verde. Se recupera cuando se decide crear el campus de Esteiro. El resultado, una facultad que nos recuerda al concepto de campus norteamericano, donde los edificios están rodeados de jardines», dice. Para su reconversión, se encargó la reforma de cada pabellón a un arquitecto diferente. Esto, con «más edificios de escala pequeña que conviven con los que ya existían en el campus», detalla Río.
Continuando con los espacios con un uso previo que se reconvierten, el siguiente es Bastiagueiro, donde desde hace 40 años está Ciencias da Actividade Física e do Deporte. «En origen es una escuela de capacidades agrícolas, un edificio de formación que promovía el Instituto Nacional de Colonización, en el franquismo, para modernizar las zonas agrarias», resume. El arquitecto es Alejandro de la Sota, otro de los más grandes. Bebe del regionalismo de la arquitectura tradicional gallega e introduce elementos modernos.
Ya en el centro urbano, en la llamada ciudad escolar de Riazor, contamos con otro de los nombres importantes de la arquitectura, Antonio Tenreiro, autor del Banco Pastor. A él le encargan este conjunto, tomando esa idea de ciudad universitaria con varios edificios para la docencia superior. «El plan es ambicioso», valora Río. «Toda una ciudad destinada a la enseñanza, con los estudios con más arraigo, náutica y comercio, así como con conservatorios, residencia... Al final, se queda en tres edificios. El más emblemático es la Escuela de Comercio, con una dialéctica entre clasicismo y modernidad que va a estar presente en la Normal, el más vanguardista y donde estaba la escuela de magisterio, así como en Náutica». Este es el más reciente, y para el que está previsto una rehabilitación este año.
Por último, hay que hablar de A Zapateira. «Su arquitectura se puede encajar dentro del brutalismo, muy propio de esa época. Buscan una expresión del material, de la estructura, muy monumental. Sus arquitectos son Juan Castañón y José María Laguna», aclara. «Estamos ya en los 70. La Fundación Barrié, privada, promueve los edificios para formaciones técnicas, que dona cuando nace la universidad. A las escuelas de arquitectura y arquitectura técnica se suma un colegio universitario, hoy la Facultade de Ciencias. Los tres se reconvierten en un emblema de la arquitectura de la época. No existen muchos casos así en la historia de las facultades», concluye.