Resis conecta a la OSG con el aquí y el ahora

Hugo Álvarez Domínguez CRÍTICA MUSICAL

A CORUÑA

A la batuta de Josep Planells, Richard Wagner convivió con un clásico contemporáneo y uno de los autores gallegos más interesantes de hoy.

17 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El Resis se expandió a la Sinfónica de Galicia: participa en el festival desde hace años, pero es la primera vez que esta colaboración entra en su abono. Se cubrieron dos parcelas casi obviadas por la OSG: ópera y música contemporánea, con un orgánico numeroso. A la batuta de Josep Planells, Richard Wagner convivió con un clásico contemporáneo y uno de los autores gallegos más interesantes de hoy.

La OSG tiene experiencia wagneriana, desde el mimo que Víctor Pablo ponía hace años en dar a la ópera su espacio, y se mueve como pez en el agua. Del Preludio del acto I de Lohengrin se escuchó una versión preciosista, con tempo lento, con brillo broncíneo del metal y soberbia densidad de la cuerda. En el preludio al Acto III, vivaz, se priorizó el metal sobre la cuerda. El Liebestod de Tristan und Isolde tuvo flexibilidad y ligereza (quizás demasiada) y se apoyó en pulso desde la batuta y el buen sonido de la OSG. Lo contemporáneo debe ocupar un espacio en toda orquesta conectada con el aquí y el ahora. Salvo por esta noche, está lejos de ocurrir en la OSG. Se estrenó en España Ars Umbrae, de Jacobo Gaspar, vencedora en 2013 con el Premio Internacional Isang Yung de Composición. Bien armada, explora la tiniebla desde una escritura expresiva, distribuida en capas superpuestas, que sugieren atmósfera espectral con íntimos juegos tímbricos y sonoridades fractales que la orquesta sirvió al detalle en una obra de todo interés.

En la Danza negra y roja, de Tutuguri, de Wolfgang Rihm. Planells entendió el carácter de progresión, con orquesta soberbia (en especial metal y percusión), volcada en los ataques y capaz de extraer colores de la opulenta orquestación. Ejecución estimulante que muestra el alcance de una OSG que mostró su artillería. El programa, breve, acertó al plantear desafíos a músicos y oyentes. La orquesta (y la batuta de Planells) los resolvió maravillosamente; aunque parte del público (de aplausos tímidos) aún encuentre rareza lo que debería estar normalizado. Hay que valorar el

esfuerzo del Resis por dar al abonado algo distinto.