Una de catástrofes

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Las elevadas temperaturas provocan cambios de hábitos en los coruñeses.
Las elevadas temperaturas provocan cambios de hábitos en los coruñeses. PACO RODRÍGUEZ

¿Desde que hay registros en esta esquina del mundo, recuerda alguien alegrarse porque las temperaturas no van a pasar de 28 grados?

08 jul 2026 . Actualizado a las 19:47 h.

Coincide la ola de calor del pasado fin de semana con un improvisado ciclo de cine de catástrofes en la televisión de casa. Los tíos del cativo han decidido que El coloso en llamas, Armageddon y El día de mañana son de primero de educación peliculera, así que les damos el capricho y la criatura disfruta como el enano que es mientras los guionistas de Hollywood arman las historias más absurdas del planeta. Y mientras aquí superamos los 34 grados, Nueva York se congela y Dennis Quaid trata de salvar a su hijo, que es tan espabilado que es capaz de entrar en un barco ruso encallado en la nieve en la Sexta Avenida esquivando lobos. Lobos. Vayan al sur, dicen en la película los científicos, con fines mucho menos divertidos que los de Raffaella Carrà.

Pero ya no hay que ir al sur para nada, ni como la Carrà ni como los científicos. Pemán nos dijo una vez en Radio Voz que no teníamos memoria meteorológica, y seguro que por eso siempre hay alguien que dice que en el verano del 2000 —es un decir— hizo más calor. Dice una amiga que en el norte no podemos quejarnos del calor, cuando en Madrid la sensación, cada día, es la de abrir el horno en plena cara y quemarse las pestañas. ¿Pero en qué momento, desde que hay registros en esta esquina del mundo, recuerda alguien alegrarse porque las temperaturas no van a pasar de 28 grados? Aquí no se derriten los raíles del tranvía porque los quitamos. Salimos pasadas las ocho de la tarde para tomar el helado que normalmente pediríamos después de comer. Cambiamos la orilla de Riazor por el aire acondicionado del cine. Menos mal que ver a la NASA contratando a Bruce Willis para perforar un meteorito del tamaño de Texas aún resulta algo refrescante.