ALDEA NOVA

La Voz

ABEGONDO

JOSÉ RAMÓN AMOR PAN LÍNEA ABIERTA

28 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Las personas mayores tienen necesidades que nos implican a todos. Sería injusto hacer recaer en la familia toda la responsabilidad del cuidado de la persona mayor, sobre todo si está enferma, con las dificultades que todos conocemos para las actividades de la vida diaria. Ahora bien, de la misma manera que cabe exigir al Estado que cubra las necesidades materiales de la persona mayor, existe el deber de la familia de hacerse cargo de dar el soporte emocional, afectivo y el acompañamiento que el anciano necesita. Ni el Estado puede ceder sus obligaciones a la familia ni ésta puede delegar en las administraciones públicas las suyas propias. La justicia que exigimos al Estado no puede eximirnos de la obligación que tenemos de hacer el bien a nuestros mayores. El acento no está en la subsidiariedad del Estado o de la familia, sino en el modo de acoplar ambas instituciones como complementarias en el cuidado de los grupos vulnerables. En esta línea, quiero referirme a una iniciativa que la Fundación Hogar de Santa Margarita va a desarrollar en Abegondo (que tiene un 24,54% de su población mayor de 65 años), siempre y cuando cuente con las ayudas oportunas tanto públicas como privadas. El proyecto comprende la construcción de 27 apartamentos, un restaurante, servicios comunes y un centro social para jóvenes y mayores. Incluye la construcción de una residencia con 16 plazas para atender transitoriamente a los ancianos enfermos y a los que voluntariamente lo solicitasen. Con la realización del proyecto se conseguiría que un grupo de ancianos del mundo rural tengan una atención digna según sus circunstancias y necesidades, sin salir de su mundo, viviendo con sus vecinos de siempre, de todas las edades y no alejándoles de lo que es su vida para enterrarlos en la ciudad o en una Residencia que acelere su fin en soledad. El proyecto significa también una oportunidad de empleo para los jóvenes de la zona, con lo que se estaría contribuyendo a evitar el despoblamiento del campo gallego. Al proyecto lo denominan Aldea nova porque se trata de que los ancianos puedan seguir en su aldea de siempre sin miedo al futuro y con unos medios nuevos que les ayuden a vivir dignamente su vida. En suma, una Galicia abierta a todos, que progresa mirando hacia el futuro con ilusión sin olvidar a los que sentaron las bases del actual estado de bienestar.