SIENTO mucho que Ambrose Bierce fuera gringo y no gallego, pero el gringo viejo define en su Diccionario del diablo al legislador como «una persona que va a la capital para incrementar lo suyo; uno que hace dinero», pensamiento negro y muy gallego, propio no sólo de quienes critican el sistema de partidos, sino también, para mayor desgracia nuestra, de numerosas personas que un día deciden dar un cambio a su vida, sacrificarlo todo por los demás, menos la cartera, y meterse en política . La indisciplina urbanística -otros le llaman «progreso de la ciudad» o «pujanza urbanística»- es contagiosa: suele acarrear indisciplina de partido. Aquí, como en otros campos, impera la racionalidad económica: los beneficios compensan con creces las penas, o sea, el expendiente del partido de origen. Pregunten, si no lo creen, a los indisciplinados de Carral, si sufren mucho mientras esperan el suyo.