CRÓNICA PENAL
03 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.EL PASADO 21 de noviembre la Asociación Española de Marina Civil presentó en A Coruña ante los medios de comunicación un vídeo con las imágenes que Sasemar grabó durante el rescate del Prestige . Este testimonio gráfico de extraordinaria importancia, que llegó de forma anónima a dicha asociación y cuyo contenido era desconocido para la Justicia y para la opinión pública, constituía uno de los secretos mejor guardados de Fomento. Y no era para menos. Las imágenes desmienten en aspectos esenciales la versión oficial ofrecida por el Gobierno y las declaraciones de algunos funcionarios. Entre esos aspectos resalta ante todo el dato de que el vertido inicial del fuel procedía exclusivamente de las tapas de cubierta del buque, debido a la escora sufrida tras la avería inicial. Es más, ni siquiera al día siguiente del accidente se observa boquete alguno en el costado de estribor, ni la «grieta de grandes dimensiones» que algunos habían declarado ver; por tanto, la rotura del tanque de carga se origina durante los días siguientes, cuando el Prestige se remolca mar adentro y se expone el costado de estribor al impacto de miles de olas. El vídeo muestra asimismo que el remolcador Ría de Vigo (en el que no viajaba la tripulación de presa prevista en el convenio colectivo de Remolcanosa) aparece en imagen por primera vez, en el costado de babor del Prestige , a las 21 horas del día 13 de noviembre. Y se comprueba cómo horas después se efectúa una toma de remolque que los expertos calificaron como normal en condiciones de mal tiempo (sin rastro de las «olas gigantes» que algunos habían declarado), y en la que la tripulación del Prestige (que, por cierto, sí tenía instalado el remolque de emergencia en la popa) colabora sin problemas. Al día siguiente del accidente las imágenes reflejan una mar mucho más calmada, sin viento, y con un tiempo mucho mejor del que reina habitualmente cuando los grandes petroleros buscan el refugio de Corcubión. A partir de estos y de otros datos que omito, los expertos en marina civil presentes en la reunión extrajeron la conclusión de que fue un grave error la decisión de alejar el Prestige y que el riesgo de conducirlo al seno de Corcubión era mínimo. Asimismo, convinieron en que las maniobras realizadas por Mangouras dirigidas a corregir la escora del buque y buscar refugio fueron correctas. Así las cosas, la relevancia jurídico-penal de esta prueba resulta obvia. Por un lado, no sólo corrobora los indicios de responsabilidad advertidos por el juez instructor y por la Audiencia en la conducta de las autoridades de Fomento, sino que incrementa la gravedad de la imputación subjetiva en su comportamiento. En otras palabras, si aceptamos un enfoque puramente normativo del dolo (enfoque que yo comparto), como el que adoptó la Audiencia para no descartar el dolo eventual en la conducta de Mangouras, con mayor motivo habrá que admitir ahora la posibilidad de que esta clase de dolo haya podido concurrir en la actuación de las autoridades españolas. Por el contrario, esta prueba gráfica opera en sentido inverso a la hora de fijar la responsabilidad de Mangouras, esto es, relativiza la gravedad de su contribución al único delito ecológico que se le podría imputar (el delito de peligro del artículo 325 en relación con el 331). Es más, a la vista del estado del barco y de lo que las autoridades decidieron hacer con él, no creo que quepa asegurar ahora que las medidas de navegación adoptadas por el capitán (ya difícilmente calificables de «irrazonables» a la luz del Convenio Marpol) incrementaron de forma relevante el riesgo jurídico-penal creado por el accidente inicial. Desde luego, la presunta influencia de Mangouras en el retraso de unas horas en la toma de remolque (que es lo único que podría imputársele) resulta insuficiente para observar dicho incremento del riesgo. Y, en todo caso, tal influencia parece objetivamente mucho menor que la que ejercieron todas aquellas personas (incluyendo aquí también a las autoridades de Fomento) que intervinieron en la larga negociación del contrato privado de salvamento para que Remolcanosa se pusiese al servicio de los armadores del Prestige con un remolcador cuya idoneidad ha sido, por lo demás, duramente criticada por la Asociación de Marina Civil.