«No me maté ya de milagro»

Noelia Silvosa R. A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA CIUDAD

Los bolardos de la calle de Ángel Senra impiden a una joven vecina circular segura con su silla de ruedas y cierran el paso a la ambulancia que la lleva a rehabilitación

09 jul 2010 . Actualizado a las 13:19 h.

Diana Souza, una adolescente de 15 años que reside con sus padres en la calle peatonal Ángel Senra, lucha cada mañana para poder llegar a la ambulancia que la transporta hacia su sesión de rehabilitación. Los bolardos impiden que la el vehículo asistencial pueda recogerla en la puerta de su casa, pero lo más curioso del asunto es que, según cuentan los vecinos de la zona, «los bomberos y el camión de la basura tienen llave, pero las ambulancias no». Eso también lo sabe Sandra, la madre de Diana, que intenta «estar pendiente para bajar con ella cuando llegue la ambulancia».

Víctima de un fallo multiorgánico, Diana estuvo ingresada desde noviembre hasta el pasado mes de mayo. Esta larga estancia tumbada en el hospital tuvo como resultado sus enormes dificultades a la hora de andar. La joven es consciente de que la parada de su ambulancia en medio de la calle genera un gran caos circulatorio, pues «tiene que parar cuando puede y está toda la calle esperando; podían tener un acceso para bajar los pivotes. A veces ya procuro estar abajo, pero no siempre llego. Ya me cuesta bajar las escaleras con un solo pie para que encima tenga que andar hacia la ambulancia».

Silla de ruedas

Los polémicos bolardos no solo dificultan el tránsito de los vehículos, sino también el de los peatones. Diana asegura que «incluso no puedo ni llevar la silla de ruedas yo sola. Era lo que me faltaba, darme un golpe con un barrote... No me maté ya de milagro». Esta opinión es compartida por algunos vecinos: «tenemos que esquivarlos». Sin embargo, la chica señala que «hay vecinos que no querían que pusiesen una rampa para mi silla. Hay de todo en esta calle».

Pero las preocupaciones para esta familia no se acaban aquí. El pasado mes de marzo, momento en el que Diana salió del hospital, sus padres acudieron al Ayuntamiento para solicitar la ayuda de un asistente social que nunca llegó. Según la madre de la joven, «a causa de tardar tanto tiempo en darnos la cita estamos ya fuera de plazo, y no nos dieron nada». Incluso pidieron la plaza temporal, pero aseguran que la solución aportada por el Ayuntamiento consiste en que «llamemos al 010 y que ellos nos digan». En cuanto a la respuesta a la reclamación que interpusieron, Sandra confirma que «aún no sabemos nada».

Las ayudas que solicitaron para el aseo de Diana tampoco han aparecido. Como ella misma manifiesta, solo piden «unas barritas y unas sillas, nada más». Y es que la chica tiene que ducharse sentada en un taburete, por no hablar de la carencia de barras de sujeción en el baño. Al comienzo de este largo problema, Diana describe que se lavaba «en la cama, con empapadores debajo y una esponja».

Al menos, el panorama que se encontraron en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña fue muy diferente. Sandra ratifica que «se volcaron mucho con ella, y muy bien. Le dieron una atención estupenda, inmejorable. Tenemos mucho que agradecerles». En este caso, Diana recibió los medios que necesitaba con una urgencia equivalente a la de su necesidad: «Para la silla de ruedas, vinieron a tomarme las medidas y me la dieron al día siguiente». Su madre añade que «no pagamos nada, y aún nos dicen que nos dan unas muletas de allí».

Gimnasta

Incluso afrontando todas estas dificultades, Diana luce constantemente esa sonrisa propia de los fuertes y los optimistas. Ganadora de varias medallas de gimnasia rítmica, no duda en afirmar con picardía que busca una agencia de modelos: «Mido 1,70 y soy pelirroja», comenta entre risas.

En el futuro «voy a estudiar arte dramático si me da la media», expone con una sorprendente decisión. Tampoco renuncia a divertirse con sus amigos, que van a recogerla a su casa con bastante frecuencia. «Hago lo que puedo», dice con alegría. Y tanto.