Excrementos acumulados y hundimientos desesperan a los residentes
22 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Los vecinos de la plaza Rodríguez Castelao, en Fonteculler, han dicho basta. Tras más de tres decenios con una única renovación menor, este espacio público presenta un estado alarmante de deterioro: tramos de pavimento completamente hundidos, mobiliario urbano roto o inhabilitado y un grave problema de insalubridad provocado por las deposiciones de palomas, que se acumulan en los soportales a escasos metros del parque infantil.
«Llevamos con esta situación muchos años, peleando y pidiendo al Ayuntamiento, pero no hacen nada», lamenta Pilar Núñez López, residente desde hace 36 años en esta plaza a la que dan servicio a cinco bloques de viviendas. Pilar advierte, además, del riesgo sanitario que supone la acumulación de materia orgánica de las aves: «Es tóxico. La plaza está toda levantada, las papeleras oxidadas y rotas, a la fuente le tuvieron que cortar el agua para que no beban los niños y los bancos están llenos de musgo y porquería. La gente mayor ni puede sentarse». A ello añaden la total ausencia de zonas de sombra donde resguardarse durante el verano.
El estado del firme es una de las principales preocupaciones del vecindario. La combinación de baldosas deterioradas y verdín convierte la superficie en una trampa cada vez que llueve. «En invierno es una pista de patinaje», explica Pilar, quien enumera los daños colaterales de este abandono: «El padre de un chiquillo se rompió un brazo, una señora una pierna y varias personas se hans roto la nariz por caída»
Ana María Furio, otra de las residentes, coincide en que el peligro de tropezar es prioritario: «Para mí lo principal son las grietas, porque se cae todo el mundo, y lo de las palomas». Además, la vecina alerta de la presencia de roedores en la zona.
La indignación aumenta al recordar la última intervención municipal. «Que no hagan como la última vez, que echaron cuatro botes de pintura que sobraron de algún lado», reclaman los vecinos, que aseguran que las promesas políticas han caído sistemáticamente en saco roto. «De todo son conocedores el alcalde y el concejal que estuvieron aquí. Dieron su palabra de que lo iban a arreglar», recalca. Recuerdan que antes de las anteriores elecciones municipales la reivindicación incluía un árbol de gran tamaño que solo fue retirado después de que se desgajara una rama con el consiguiente peligro.
Acompañando un recorrido por las deficiencias del barrio, Nieves García Trincado, con 25 años de residencia en la plaza, ilustra el nivel de abandono contando cómo una vecina del número 1 llegó a fregar ella misma un banco público para poder sentarse.
El deterioro ha sido progresivo, pero acusado en el último decenio. «Antes le cambiaban la tierra a los árboles, venían a regarlos y a limpiar la plaza. Había aspersores que mantenían la vegetación, era una maravilla», recuerdan con nostalgia. Hoy en día, lamentan que ni siquiera se recogen las hojas caídas o se gestionan los residuos con frecuencia: «Ahora ni cambian las bolsas de la papelera: le dan la vuelta y sigue oliendo mal toda la semana. Todo da pena». Mientras tanto, la maleza —a la que los vecinos llaman irónicamente «coliflores»— sigue proliferando entre las junturas de las losas.
Tampoco convencieron las obras realizadas en las inmediaciones para crear un tramo de acera nuevo: «Quitaron un montón de plazas de aparcamiento y ni nos consultaron», critican. La sensación de agravio comparativo con otras parroquias del municipio es evidente. «Se arregló el parque Europa tres veces y dos el de Vilaboa desde que hice la primera protesta en Alcaldía, pero esto no se tocó. Y nosotros también pagamos los impuestos», remarcan
El parque infantil de la plaza Rodríguez Castelao tampoco se libra de las quejas. Cuenta únicamente con dos columpios —uno para bebés y otro para niños más grandes— en los que se forman colas, y el pavimento de caucho requiere una reparación urgente.
La escasez de ocio infantil se extiende a todo el entorno. Cerca del centro cívico, los vecinos recuerdan cómo se retiraron progresivamente un parque infantil, una zona biosaludable y una carpa multiusos derribada por un temporal que jamás se volvió a reponer. «Se los llevaron y nunca más», lamenta una residente. Como alternativa, los niños se ven obligados a jugar en el área de cemento de Santa Gema o a desplazarse a otras zonas. «Aquí hay muchos niños, pero faltan alternativas. Mis nietos me piden ir a Vilaboa», concluye una abuela de la zona, para sintetizar el sentir general de un barrio que se considera olvidado.
Por su parte, desde el Concello aseguran que el gobierno local coincide plenamente con la necesidad de efectuar una reforma de la plaza, una actuación prevista que se sumará a los diferentes proyectos ejecutados y en curso en Fonteculler. Aseguran que ya dispone de un anteproyecto, que incluyó en el borrador de presupuestos municipales y que se elevará de forma inminente a pleno, una partida para la redacción del proyecto completo de cara a posteriormente contratar los trabajos.
Apuntan que básicamente se tratará de una renovación integral de la plaza. La previsión es reformar el pavimento, las zonas verdes y el parque infantil, así como los servicios generales como la iluminación y el mobiliario urbano. «Se seguirá una línea similar a la ya ejecutada por el Concello en la calle Rafael Alberti, que linda con la plaza. Se decidió comenzar por esa calle por la necesidad de incrementar la seguridad vial», apostillan.
En cuanto a inversiones en Fonteculler, el gobierno local anuncia que licitará en breve «por cerca de un millón de euros la mejora urbana de la avenida principal. Asimismo, otra actuación prioritaria será la modernización y dotación de pista deportiva y parque infantil en la plaza de As Brañas», precisan.
El gobierno local explica que son varias las actuaciones marcadas en Fonteculler y no es posible acometerlas todas al mismo tiempo, pero «gradualmente se están llevando a cabo algunas y tramitando otras, teniendo en cuenta que será necesario el apoyo de la oposición en el pleno para contar con la consignación presupuestaria». No puede hacerlo por si solo dado que gobierna en minoría, recalca.
En cuanto al mantenimiento, «la zona de soportales a la que se refieren se limpia con asiduidad porque efectivamente existe una problemática con las palomas, que se apoyan en una repisa alta y sus excrementos manchan la acera de vez en cuando». En este sentido, precisan que la solución puede pasar por instalar medidas disuasorias en la repisa, «algo que no puede hacer el Concello dado que no es un elemento público, sino de la comunidad de propietarios». Esta misma situación se da en otros edificios, tanto en Culleredo como en otros municipios, apostillan.
«Los servicios municipales de limpieza seguirán limpiando, ya tienen aviso de volver a pasar. Lo mismo realizará el servicio de desratización, que acude siempre cuando se dan avisos», afirman.