¿Quién cuida de Manolo?

Toni Silva OZA-CESURAS / LA VOZ

OZA-CESURAS

El alcalde de Oza-Cesuras, Pablo González Cacheiro, la concejala de Servicios Sociales, Pilar Rilo, ante la casa de Manolo.
El alcalde de Oza-Cesuras, Pablo González Cacheiro, la concejala de Servicios Sociales, Pilar Rilo, ante la casa de Manolo. MARCOS MÍGUEZ

Vecinos de una aldea de Oza-Cesuras denuncian el abandono de un hombre con trastornos psíquicos. Su deseo es vivir en la residencia donde está su tío

21 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La última vez que vieron a Manolo fue hace dos meses. En un día de bajas temperaturas, estaba desnudo de cintura para abajo en el exterior de su vivienda. Temblaba y repetía como una oración «levádeme, levádeme que teño frío». Y una ambulancia se lo llevó de esta aldea de Oza-Cesuras a un hospital donde se recupera de una fuerte neumonía y otras patologías más graves.

Porque ya hace tiempo que Manolo no es dueño de sí mismo. Era apenas un adolescente cuando en su cabeza se quebró algo que le hizo ver el mundo de forma diferente, como un niño pequeño que sumaba años, hasta los 49 actuales.

Con la muerte de su madre se agravó su desánimo. Le quedaba su tío, por el que mostraba devoción. Pero también a este se lo acabaron llevando a una residencia de mayores en Arzúa en agosto del 2021. Manolo intentó impedirlo yendo detrás de los trabajadores sociales con una motosierra, lo que obligó a la Guardia Civil a intervenir, reduciéndolo con un espray en los ojos y presentándolo ante un juzgado de Betanzos. Pero el alcalde de Oza-Cesuras quiere sacudirle esa mala imagen de hombre violento. «É boíño e non se mete coa xente», señala Pablo González. Aquello fue un arrebato por la desesperación de quedarse solo.

Pero el hombre ya no pudo encajar la soledad. Incapaces de rescatarlo hacia el lado cuerdo de la vida, los vecinos intentaron al menos cubrir sus necesidades. «Todo o mundo quixo axudalo coa comida, lavarlle a roupa, pero non se deixaba», dicen. Cuando no se encerraba en casa iba al cementerio a abrazar la tumba de su madre. Ya por entonces notaron que su cabeciña iba a peor. «Cando lle ía dar de comer á burra ía espido de cintura para abaixo», apuntan. Concepción, una vecina que le ofreció comida y ropa, recuerda la noche en que se lo llevaron: «Era unha dor velo, debía de ter hipotermia, estaba sentado nunha pedra diante da casa e tremía».

Curatela de la Funga

Con su cabeza en otro mundo y sin ningún familiar que pudiera cuidarlo, la Fundación Pública Galega para a Tutela de Persoas (Funga) de la Xunta se hizo con su curatela. Al menos sobre el papel. «Pero por aquí non pasou ninguén a velo nin preocuparse por el», espeta uno de los vecinos, que acude regularmente a visitarlo al hospital en A Coruña. «Manolo está vivo grazas ás farmacéuticas de Oza dos Ríos, elas foron as que avisaron cando non foi recoller o tratamento que ten que tomar», señala indignado.

La Funga asegura que en el caso de Manolo «se realizaron actuaciones en el ámbito económico, personal y de salud, conforme a sus necesidades, todo ello en coordinación con los recursos sanitarios, servicios sociales y comunitarios del Concello, otros recursos del entorno familiar y vecinos». Pero tanto la Administración local como los residentes de esta pequeña aldea de la parroquia de Cuíña discrepan.

El Concello gasta 4.000 euros al año en alimentar los caballos cuyo dueño está ahora en el hospital.
El Concello gasta 4.000 euros al año en alimentar los caballos cuyo dueño está ahora en el hospital. MARCOS MÍGUEZ

Fuentes de la Funga recalcan que esta «realiza medidas de apoyo conforme a lo que se dictamina judicialmente cuando es nombrada, y es al juzgado competente al que se da cuenta de las actuaciones que se llevan a cabo».

De momento Manolo cumple algo más de dos meses en el hospital, en principio, sin fecha de alta en el horizonte. Su deseo es que lo lleven a la residencia de Arzúa para estar con su tío, y si es posible, en la misma habitación.

Personal del Concello acude regularmente a la casa de Manolo para alimentar sus caballos. «Gastamos 4.000 euros ao ano en darlles de comer», se queja el alcalde de Oza-Cesuras. Y los vecinos se encargan del perro, que ha quedado tan solo como su dueño.