Ni perdón ni olvido

Camilo Franco

CULTURA

La Academia sueca dejó fuera nombres tan sonoros como Tolstói, Joseph Conrad, London, Joyce, Proust, Brecht, Nabokov, Baroja, Borges, Cortázar o Graham Greene

08 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La lista de los escritores ninguneados por el Premio Nobel es impresionante. Como ocurre con las selecciones deportivas, la lista de los apeados serviría para hacer un equipo tan bueno como el de los designados. Pero no. Estos nombres no fueron premiados y quedaron colgados de manera que casi siempre son utilizados con razón para atizar a los académicos y a sus decisiones.

Para no empezar la lista por los anglosajones, que son los más favorecidos por el galardón, en la primera década del Nobel se ignoró por completo a Tolstói a pesar de que, salvo Kipling, casi nadie de esos primeros años consiguió atravesar la barrera del olvido.

A partir de ahí se creó una especie de categoría implícita en la literatura mundial en la que se van colocando autores que todo el mundo considera imprescindibles menos, quizá, algunos académicos suecos. Por ejemplo Joseph Conrad, que tuvo tiempo de serlo pero quizá no recibió la valoración de altísima literatura en su momento. Cuando se habla de alta literatura hay dos nombres que no se olvidan cuando se trata de recordar los excluidos del Nobel. James Joyce, anglosajón, experimentador y poco dado a hacer amigos en las mayorías, no asomó su cabeza a los laureles del premio. El otro nombre que con la misma calificación que el irlandés sale a relucir es Marcel Proust. Para el francés, el camino del Nobel fue un tiempo perdido y a pesar de que su magdalena alimentaba mucho menos que los bistecs de Jack London, al norteamericano y sus aventuras boreales también lo dejaron fuera. En el mismo vacío quedó Franz Kafka, aunque, en este caso, la publicación mayoritariamente póstuma de su obra añadió algunas dificultades a la labor académica.

Que se lo dieran en los años 50 al incansable Winston Churchill, acaso porque el de la Paz no podían dárselo, no mejoró la percepción de que el premio tenía notables lagunas. Bertolt Brecht por poner un caso de autor con influencias a uno y otro lado del mundo y al que se saltaron como años atrás se saltaran a Ibsen, que les quedaba mucho más cerca por origen.

Hemingway lo ganó y fue a visitar a Pío Baroja para decirle que quien lo merecía era él, aunque el cheque no cambio de manos. Baroja es uno de tantos ninguneados en lengua castellana. Los hay significativos, como Borges y sus dificultades políticas, y los hay imposibles de explicar como Cortázar. Pero el mundo anglosajón, que se lleva más del 25% de los premiados, también tiene sus olvidados: Nabokov de un lado, Graham Greene de otro, o Henry James más atrás. Puede suceder que escritores hay muchos y premios Nobel solo uno cada año.