El artista de Boimorto, afincado en Andalucía, acaba ?de presentar en Málaga una antología de su carrera
05 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El escultor Suso de Marcos (Boimorto, 1950) se ha convertido en profeta lejos de su tierra. Afincado en Andalucía desde hace treinta años, acaba de inaugurar en Málaga una exposición antológica.
-Llama la atención que una parte de su antológica esté tan ligada a la imaginería religiosa.
-Había trabajado en varios talleres en Galicia y Madrid mientras completaba mis estudios de Bellas Artes. Cuando llegué a Andalucía en 1979 parecía que no había llegado el concilio Vaticano II, y la primera exposición que hice fue exclusivamente de motivos religiosos, pero dentro de líneas contemporáneas.
-¿Y se aceptó que introdujese esa línea moderna?
-Con muchísimo entusiasmo. Fue muy bien valorada por la crítica y se adquirieron la mayor parte de las imágenes de la muestra. De todas maneras, yo no soy un imaginero. Soy un escultor, y eso me lleva a plantearme en cada caso la obra de forma diferente. Por ejemplo, si la obra es procesional o si va a estar en el interior de una iglesia. Desde ese punto de vista no te imaginas las peleas que he tenido que tener con profesionales tan diferentes como los arquitectos o las comisiones del obispado.
-Además es una temática delicada, ya que son temas relacionados con la fe.
-Lo que pasa es que siempre he tenido muy claro lo que tenía que hacer. Porque detrás del criterio siempre ha habido argumentos. Por ejemplo, cuando hice el altar mayor de una iglesia de arquitectura moderna en Málaga dedicada a María Goretti en los años noventa, planteé un conjunto de madera y metal con una gran cruz en el centro que tiene en la base en donde colocó a la santa María Goretti, que sufrió un intento de violación por parte de un vecino en un pueblo italiano durante el siglo XIX. La chica se resistió a la violación y quedó malherida. Falleció poco después en el hospital, pero antes de morir perdonó a su agresor. El asesino acaba tomando los hábitos e ingresando en un convento. Yo sitúo a María Goretti señalándole el camino de la cruz al asesino, que está arrodillado. Cuando eso se presentó a la comisión, pusieron el grito en el cielo y protestaron por la presencia del asesino. Les expliqué que en la capilla de la santa del pueblo italiano estaba también representado. Ahí me dijeron que lo hiciera como yo quisiese.
-Vamos, que hay que documentarse antes de hacer una escultura. Otra de las partes de la antológica consiste en piezas que usted ha dedicado a una serie de poemas, entre ellos uno de Miguel Anxo Fernán-Vello.
-Ya en el 84 le había dedicado una obra a la Nana de la cebolla, de Miguel Hernández. Luego se pusieron en contacto conmigo desde el colegio de Boimorto para que los chavales trabajasen en el Quijote, e hice un conjunto expositivo. La última producción relacionada con la literatura la hice sobre poemas de un escritor vivo e hice doce esculturas de grandes dimensiones con esta idea.
-Su antológica también incluye una parte de dibujos.
-Es que quería dar una idea de cómo es el lápiz en la mano del escultor. Los que incluyo en esta exposición no son bocetos para esculturas, sino que son parte de una serie que se titula Introyecciones , que alude a las imágenes oníricas que se proyectan dentro del individuo. Son veinticinco dibujos.
-¿Y cuál es su relación actual con Galicia?
-Pues nunca he perdido la relación con Boimorto. Además, mi familia vive en Galicia y siempre voy en verano. Además tengo obra en Boimorto, concretamente un mural cerámico con relieve y color que alude a temas gallegos. El presupuesto que había para esa obra lo utilicé para que un autobús con escolares visitase la provincia de Málaga. Incluso les organicé un concierto de música clásica. También he creado unas becas de estudios en Boimorto de la que van ya nueve ediciones.
-Además, creo que sus orígenes en la talla parten del taller de carpintería que tenía su padre.
-En los primeros recuerdos que tengo me veo caminando entre las virutas de castaño que caían de la garlopa...