El Códice Calixtino permaneció en la sala capitular del pazo de Xelmírez casi dos horas, aunque buena parte de ese tiempo estuvo cubierto por un paño. Poco antes de que entrara el presidente del Gobierno, el libro fue descubierto y se dejó abierto por la portada del capítulo IV, que tiene una de las ilustraciones más vistosas de la pieza.
Permaneció así hasta el fin del acto, cuando se realizó la entrega simbólica en la que Rajoy le pasó el volumen al arzobispo, Julián Barrio. El Códice Calixtino abandonó la ceremonia y volvió al lugar en que se encontraba antes de ser hurtado por Manuel Fernández Castiñeiras, según su propia confesión.
La joya del siglo XII regresó a un archivo con más medidas de seguridad que hace un año, a la espera de que se decida de manera definitiva si será exhibido temporalmente a lo largo del verano.
A lo largo de la ceremonia el libro permaneció cubierto, aunque se ofrecieron algunas explicaciones sobre el mismo. El historiador y director del Museo de la Catedral, Ramón Yzquierdo, explicó que, por ejemplo, las guardas de cuero que sirven de tapas al libro fueron confeccionadas en los años sesenta para proteger mejor el volumen y para que su manejo sea más sencillo. El historiador se ocupó de manejar el libro durante la celebración de la entrega, fue el responsable de abrirlo, puesto que era el único de los presentes con guantes, y fue también quien, finalmente, lo retiró de la sala capitular en la que se celebró la entrega. Durante la entrega simbólica el libro no fue abierto y pasó primero de manos del historiador al presidente, de este al arzobispo, del arzobispo al deán y del deán al archivero. Este se lo entregó al historiador, que lo guardó en un maletín especial para llevarlo de vuelta al archivo.