«Mira, hija mía, los hombres somos muy egoístas, y si te dicen alguna vez que hay cosas que pueden hacer los hombres y las mujeres no, di que es mentira, porque no puede haber dos morales para dos sexos».
A juzgar por lo que hizo y escribió de mayor, la pequeña Emilia debió de seguir al pie de la letra este consejo de su padre, que le inculcó el amor por la lectura y los libros, el placer por el conocimiento, la conveniencia de cuestionarse el mundo para su mejor gobierno personal y la obligación moral de defender sus convicciones, por poco convencionales que fuesen. Así se forjó una de las inteligencias más inquietas y polémicas de la literatura española.
Emilia Pardo Bazán tenía claro que sin educación no se iba a ninguna parte, especialmente si se era mujer. Y se puso manos a la obra. Contra la opinión imperante, según la cual la mujer debía cumplir como «esposa, madre y amante», defendió la formación femenina en pie de igualdad con los hombres. Su argumento era inapelable: un país que quisiera prosperar y ser dueño de su destino no podía relegar a las mujeres a funciones domésticas.
Reivindicó la educación como instrumento de forja intelectual para cuestionar la sociedad y enterrar los convencionalismos que tanto aborrecía, según los cuales la mujer solo servía para criar hijos y confinarse en la cocina. Al separarse de su marido cuando apenas tenía 40 años, con tres niños, y al dedicarse por entero a escribir y a participar de la vida del país, puso al descubierto la falsedad de los preceptos decimonónicos con respecto al sexo femenino y contribuyó a levantar el edificio de derechos y libertades en que vive la mujer moderna, además de verter paladas de dura literatura sobre el machismo en que se había criado.
No se arredró ante las dificultades. Plantó cara a los asuntos que, como individuo, le concernían y participó con ardor en toda cuanta polémica sacudía a su tiempo. La del divorcio, por ejemplo, no le fue ajena. Lo defendió -con reservas debido a su formación católica- como recurso de la mujer para vivir sin ataduras, como también defendió la libertad de elegir marido y de aceptar o no el matrimonio, muchas veces concertado.
Dueña de un espíritu libre e inquieto, se fajó dialécticamente con prohombres de la época, abogó por que la mujer pudiese acceder a la formación universitaria y a la docencia -ella fue la primera catedrática de universidad en España-, luchó por ocupar un puesto en la Real Academia Española y por la participación femenina en la política, incluido el derecho a ser electora y elegible.
Novelista, poeta, ensayista, gastrónoma, periodista, biógrafa, crítica literaria, conferenciante, cronista, esposa y madre, y amante de Galdós durante veinte años, a quien le fue infiel como él le fue infiel a ella, Emilia Pardo Bazán fue una mujer que hizo lo que quiso. Por convicción.