Sin celuloide, es otro cine

CULTURA

Quién no recuerda Cinema Paradiso?... Ya verán por qué les hablo de la obra maestra de Tornatore. El debate sobre la conservación del cine es viejo y enconado: filmotecas e historiadores frente a apologetas de lo digital. Los primeros airean que conservamos algunos filmes Lumière de 1895 y nada garantiza que en un siglo se conserve lo que se estrenará a partir de ahora. No soy experto en la materia, solamente un cinéfago que ama y disfruta del cine en pantalla grande y en sala oscura, y que asume el home cinema como un agradecido mal menor, por cuanto permite cubrir lagunas o simplemente acceder a filmes vedados a las salas.

Negar a un simple plano cinematográfico su condición de haber sido concebido para ser gozado en una gran pantalla en principio es aberrante. Viene esto a cuento porque la luz y el color (incluido el blanco y el negro, con sus múltiples matices) son parte de ese plano, de su textura visual. Insisto en negarme condición de experto, más allá de haber educado mi vista en miles y miles de horas de proyección en los sufridos cines de los años sesenta y setenta, y en los minicines y las multisalas posteriores. Primero con la luz, muchas veces tenue y dubitativa, de los viejos carbones; después en su relevo, las lámparas xenon. Pero es que el celuloide da matices negados al digital.

Sin descartar lo romántico del ruido de arrastre del proyector, de las marcas en los cambios de rollo, de las copias rayadas, de los saltos de proyección, de los fotogramas quemados, en fin? Sin nostalgias, pero es que el cine sin celuloide es otro. Cierto que el cine es industria y, como tal, negocio. Cierto también que lo digital ahorra costes (que no se trasladan al precio de la entrada, por cierto?). Hay filmes (ahora mismo varios en cartel) que necesitan del nuevo soporte para garantizar espectáculo, pero lo inadmisible es que no se establezca que todos (incluso los pestiños) tengan garantizado su correspondiente negativo analógico que preserve su futura conservación, al menos hasta demostrar que los dígitos son garantía de memoria futura. Regresemos a Cinema Paradiso: la imagen de Totó mirando a contraluz una tira de película, ante la tutela complaciente del viejo proyeccionista Alfredo, debería declararse bien de interés cultural? Con lo digital, eso ya no será posible.