Lo que hace un guion funcional

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La francesa «El hijo de Jean» es un drama sobre relaciones humanas que introduce elementos de thriller e incluso de comedia negra

09 abr 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Treinta y tantos, divorciado, ejecutivo en París, pero un tipo que se adivina bajo el peso de algo desconocido. Hasta que una noche recibe una llamada desde Canadá en la que le comunican que su padre ha muerto y le deja en herencia un paquete. Además tiene dos hermanos. Hasta ese momento se creía fruto de la relación de una noche, tal como le había contado su madre, ya muerta. Llevado por la curiosidad, coge un vuelo y se planta en algún lugar de Quebec, casi en medio de la naturaleza y muy alejado de su modus vivendi y su estrés cotidiano. A partir de entonces, el espectador ya está emplazado a acompañarle en su peripecia. Lo recibe el amigo de su padre y le presenta a su familia. También a aquellos dos hermanos de los que nunca supo… Comenzamos a entender porque el hijo de Jean, pese a su holgada situación profesional, en realidad se pasó la vida buscando. Ahora tiene ante sí la posibilidad de acceder a sus orígenes biológicos.

Realiza el productor, guionista y sobre todo cualificado sonidista francés Philippe Loiret, a punto de cumplir 62 años, que desde 1993 dirige esporádicamente cuando tiene una buena historia que contar. Como este drama sobre relaciones humanas que introduce elementos de thriller e incluso de comedia negra para redondear la faena. Si algo le impide volar alto es lo forzado de algunas situaciones -en especial sus dos hermanos y la trascendencia de algunos diálogos-, aun soportándose la trama sobre la base de una novela de éxito, en un funcional guion del propio Loiret, con ayuda de otros. La habilidad del texto permite sortear tópicos y situaciones previsibles, de modo que nunca sabemos por dónde nos llevará, al tiempo que acompañamos al protagonista en su búsqueda, que si bien incluye saber algo más de ese padre al que no conoció y le deja un cuadro como herencia, también alcanza a su propia peripecia vital, a esa sensación de que la familia de Quebec con la que comparte unos días, quizá sea lo que él siempre quiso y nunca llegó a conocer. Y, claro, los minutos finales, ya en el aeropuerto. Nos estalla en todo el morro.