«Triplicate»

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Bob Dylan. Columbia Records. Tres cedés (30 cortes). 20 euros

17 jul 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Transcurridos algunos meses desde su publicación, se puede hablar del álbum Triplicate con mayor sosiego, algo imposible de lograr en el momento del lanzamiento, cuando todos se apresuran a analizar si la carrera de Bob Dylan está en la fase definitiva de su declive: son ya (con Fallen Angels y Shadows in the Night) tres discos en los que se empeña en abordar el cancionero clásico estadounidense en un sorprendente homenaje a Frank Sinatra. Ya se sabe fehacientemente de la condición de poeta de Dylan -investido con el premio Nobel- y que está facultado para bordear el plagio, tan caro a su método de creación, que bebe sin disimulo de aquello que lo rodea (también los textos). Así, el nivel de ruido ha bajado. ¿Qué decir entonces de Triplicate? Todos perciben que su voz no alcanza para el estándar, y menos cuando antes lo han visitado Sinatra, Ella Fitzgerald, Billie Holiday o Johnny Hartman. Eso de apodarlo crooner es una ironía cariñosa. Sin embargo, los arreglos están cuidados (más allá de la discutible presencia de la steel guitar) y el cantautor pone respeto, dedicación y amor en la interpretación. Los forofos de Dylan -que son legión- le perdonan todo, veneran hasta su grabación de villancicos. El trovador de Minnesota vislumbra el camino del octogenario y esa condición le da la perspectiva necesaria para apreciar un cancionero que el joven cantor folk se podía permitir mirar con displicencia. La edad lo faculta para gozar recreando esas viejas tonadas en busca de nuevos sentidos. Y el aficionado, pese a que la voz de Dylan no llega, disfruta con el aliento triste que insufla a estas composiciones. Disfruta incluso a pesar de que la luz que matiza sus interpretaciones cobra una tonalidad un tanto fúnebre, que recuerda esos ambientes frikis [y hasta siniestros] que tan a menudo frecuenta el cine de David Lynch y que uno esperaría hallar en un apartado café cantante de carretera de Nashville o en un concierto en el decadente salón de un casino de Las Vegas.