El protagonista de «Diario de Greg. Carretera y manta», de David Bowers, tiene algo de gafe y un punto friki, como frikis son sus dos hermanos y no digamos sus padres
07 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Resulta que desde el 2010 Greg es un viejo conocido de la pantalla grande, ahora en su cuarta entrega, Diario de Greg. Carretera y manta. Al parecer, les va bien en su país de origen porque el creador del personaje, el escritor Jeff Kinney -también coguionista de su franquicia-, es un tipo muy popular allí entre la parroquia infantil. A la vista del tibio resultado artístico hasta el momento, incluyendo esta nueva peripecia, pueden ocurrir dos cosas, ambas compatibles. La primera que el sentido del humor europeo vaya por senderos más complejos cuando se trata de tomarse a chirigota la familia tradicional, y lo que aquí nos cuentan vaya muy pasado de frenada sin separar el grano de la paja en todo lo que les ocurre en su viaje a casa de la abuela para su cumple. La segunda, que el director David Bowers, formado en la animación -Ratónpolis y Astro Boy, entre el 2006 y el 2009, que tampoco eran una maravilla-, confunda chicha con limoná, esto es dotar a sus personajes de carne sobre el hueso, y no limitarse a que predomine el hueso mondo y lirondo, léase la caricatura.
Greg tiene algo de gafe y un punto friki, como frikis son sus dos hermanos y no digamos sus padres. Sobre todo una madre que, en su idea de emprender un viaje como «una familia normal», pongamos que como las de antaño, confisca móviles y tabletas a todos en su idea de lograr lo más próximo a una felicidad plena. Pero, como era de esperar, amputarles un miembro tan imprescindible como el móvil solo puede ser anticipo de una gran catástrofe… Así que a la familia de Greg le ocurrirán las cosas más alucinantes durante ese largo periplo que Bowers resuelve a la manera road movie, de modo que el propio trayecto acabará en una especie de catarsis familiar, que es lo más parecido al final feliz que más o menos ya te esperas desde la primera escena. Reconozco un par de gags afortunados y el esfuerzo por los actores adultos para superar el encefalograma plano, pero seguro que cuando se vieron en pantalla sintieron la necesidad de alejarse del vecindario por una temporadita, no sea que les llamen lo que sospechan….