«Reparar a los vivos»: Corazón de ida y vuelta

CULTURA

No es una película destinada a dejar huella, pero es un filme útil que nos recuerda lo frágiles que somos

09 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Esa ida y vuelta es el trayecto que va desde el joven surfista, Simón, en muerte cerebral a causa de un accidente de tráfico junto a otros dos amigos -él viajaba sin cinturón cuando regresaban de cabalgar unas olas al amanecer-, hasta la madre soltera y lesbiana, Claire, que necesita con urgencia un nuevo corazón, pero se mantiene fumadora compulsiva. Dos polos dramáticos a los que se añade un equipo médico especializado en trasplantes, y que deberán realizar el trayecto que va desde una persona cuya vida está siendo asistida artificialmente, a esa otra a la que la vida se le escapa en unos pocos latidos. Con cientos de kilómetros por medio y una pareja de padres divorciados a los que convencer de que la memoria de su hijo puede prolongarse en otras personas. Reparar a los vivos es la tercera de Katell Quillevere, directora francesa nacida en Costa de Marfil, que adapta la premiada novela homónima de Maylis De Kerangal, publicada en el 2014. Eso es todo lo que propone la película y como tal, casi previsible.

Si por momentos podemos estar asistiendo a un docudrama impúdico, centrado en la donación de órganos y su complejidad, que la directora acentúa con un detalle puntilloso, sobre todo en quirófano, realmente estamos ante un drama de impecable factura -el nivel técnico y formal del cine francés, se mantiene a gran altura-, por momentos quizá un poco sobreactuado, cuando una negativa de los padres a ceder sería poco menos que incomprensible, entre otras cosas porque no se les ve poseídos de prejuicios contrarios a ese fin. Si a lo anotado arriba sobre tres planos que se entrecruzan, sumamos el factor tiempo para llevar el corazón a esa mujer que lo espera, el resultado es un filme que no admite reproche en su acabado, y que constituye en sí mismo un perfecto alegato a favor de la política de trasplantes -evitando convertirse en un publirreportaje- y la segunda oportunidad que representa para quienes los necesitan. Como también un alegato a favor de la solidaridad. No es película destinada a dejar huella, pero es un filme útil que nos recuerda lo frágiles que somos.