Espectáculo visual de carga ligera

CULTURA

Algo no acaba de encajar en «Valerian y la ciudad de los mil planetas» para cumplir con las expectativas de la adaptación cinematográfica del cómic francés de Pierre Christin y Jean-Claude Mezières

21 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Valerian y Laureline es un cómic francés de Pierre Christin y Jean-Claude Mezières de cuyo imaginario se han nutrido desde hace décadas los padres de la ciencia ficción cinematográfica actual (que pregunten si no a George Lucas). A priori, dejar su adaptación cinematográfica en manos de Luc Besson, con todo el bagaje y precedentes del director, llevaba a tener buenos augurios y confiar en el resultado final del filme.

Valerian y la ciudad de los mil planetas (a un lado dejaré el por qué centrarse en el personaje de Valerian, cuando ambos son en realidad los protagonistas de la película) es desde luego todo un espectáculo visual; efectos especiales muy trabajados, recreación de mundos y seres fantásticos, secuencias de acción... pero algo no acaba de encajar en el conjunto para cumplir con las expectativas generadas. Cierto que técnicamente es un filme al que no se puede hacer objeción alguna, pero, tristemente, se centra tanto en su parte visual que deja de lado el desarrollo de la historia o de los personajes.

Y es que al margen de que el guion pierde ritmo por momentos, lo que destaca ante todo es la clara falta de química entre la pareja protagonista sobre cuyas espaldas reposa toda la película. Dane DeHaan y Cara Delevigne, aun sin ser mal intérprete ninguno de los dos (como han demostrado en anteriores proyectos), no consiguen meterse en la piel de sus personajes y transmitirnos el juego amoroso pretendido, haciendo que sea más creíble una Rihanna mutante en burbuja babosa que la tensión amorosa entre estos dos.

No podemos sino pensar en aquel derroche de fantasía y mundos futurista-espaciales (esa vez sí con el reparto adecuado) que fue El quinto elemento, y añorar que Luc Besson no consiguiese algo, cuando menos, similar.