José Manuel Ledo Santiso. 48 años. Sabadell. Escritor y pedagogo
30 ago 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Roger con apenas 23 años pertenecía a una de las mejores familias de la Alta Sociedad, llena de ministros, banqueros y diplomáticos. Tenía todo lo que cualquiera pudiera desear: dinero, prestigio, éxito y juventud.
Sabía que ahora comenzaba para él una nueva etapa de su vida. En cuanto el Ministerio de Asuntos Exteriores le asignara su primer destino dentro del Cuerpo Diplomático, trataría con lo más granado de la sociedad internacional, no como ellos, pensó sentado en los jardines del Gran Hotel Hilton leyendo la prensa. Mientras, observaba a aquellos pobres hombres y mujeres que, precisamente por ser hispanos, musulmanes y negros, no podrían tener todos los privilegios de los que él disponía, teniendo que conformarse con trabajos poco cualificados.
Cuando un anuncio llamó su atención: «Conozca sus orígenes a través de su ADN genético». Ni lo dudó. No tenía nada que perder, aunque poco le podría aportar a lo que ya sabía sobre su familia. Sin embargo entró en Internet y realizó el pedido.
Al cabo de una semana tenía en casa una caja con un sobre, bastoncillos, e instrucciones. No tardó ni dos minutos en extraer las muestras del interior de sus mejillas, para a continuación enviarlo por mensajería urgente a su destino. Un mes después, cuando ya estaba preparando las maletas para marcharse a Singapur como agregado cultural, hizo una pausa y revisó el correo comprobando con asombro que había recibido un e-mail. Cerrando su portátil, salió de casa dispuesto a compartirlo con sus compañeros de fraternidad. Allí, ante todos los miembros del KKK abrió el e-mail para descubrir que era un 70 % hispano, 20 % musulmán, 5 % africano, 3 % chino, 2 % americano. A la mañana siguiente toda la prensa se hizo eco de la noticia:
Aparece descuartizado en el basurero municipal el cuerpo de Roger, hijo de una insigne familia de nuestra ciudad.