Simon Sebag Montefiore: «Mi libro es un arca del tesoro con las cartas que siempre me han fascinado»

En «Escrito en la historia» reúne misivas de amor, eróticas, políticas o históricas que cambiaron el mundo

El historiador Simon Sebag Montefiore (Londres, 1965)
El historiador Simon Sebag Montefiore (Londres, 1965)

Reputado historiador, traducido a 40 idiomas, autor de libros como Llamadme Stalin, Los Románov o Jerusalén, y de las novelas que componen la Trilogía de Moscú, Simon Sebag Montefiore (Londres, 1965) publica Escrito en la historia. Cartas que cambiaron el mundo (Crítica), una antología en la que reúne cartas de amor, amistad, eróticas, políticas e históricas de artistas y mandatarios internacionales. Reivindica el género epistolar, porque «nada supera la inmediatez y autenticidad de una carta». Para Sebag Montefiore, «son el equivalente de la suma actual de los periódicos, teléfonos, radio, televisión, correo electrónico, mensajes de móvil y blogs».

-¿Con qué criterio ha elegido estas cartas?

-El único criterio, que es subjetivo, es que fueran cartas que cambiaron el mundo, pero no solo políticamente, sino también culturalmente. Este libro es un arca del tesoro de cartas que siempre me han fascinado, que he escrito por pura pasión, para divertirme, y que comprende todos los continentes, todas las culturas, todas las razas y todas las épocas. Mis libros de historia sobre Jerusalén, Stalin y los Románov están basados ??en fuentes originales, principalmente cartas de los archivos, eso es lo que me dio la idea. Pero si lo que quiere saber es por qué he elegido unas cartas y otras no, el arte de la antología es crear un equilibrio maravilloso y bello.

-Por ejemplo, ¿las cartas de amor que incluye en qué sentido han cambiado el mundo?

-Todas las cartas que aparecen en el libro tienen algún tipo de significado o de importancia. Así Anaïs Nin fue una de las primeras escritoras que definió cómo podían expresarse las mujeres no solo sobre el amor sino también sobre el sexo. Frida Kahlo definió cómo las mujeres podían ser artistas en el siglo XX. Fanny Burney fue de unas primeras novelistas del mundo y escribe una carta a su hermana sobre su operación de pecho sin anestesia.

-Sorprende el lenguaje procaz que empleaba Marco Antonio en su carta a Octaviano.

-Es una de mis cartas favoritas. Lo vemos como un soldado romano duro, pero también con cierta ingenuidad en la política. Su manera directa de conversar con Octaviano... Y su ilusión de que su relación con Cleopatra es como cualquier otra aventura amorosa es muy interesante.

-De todas las que reúne en el libro, ¿cuál es la carta que más le ha impresionado?

-Una que me encanta es la que manda a sus hijos Abderramán III, el califa de Al-Ándalus, que tras más de 50 años de reinado, de victorias y conquistas, les dice que solo había gozado de 14 días de felicidad. Su testimonio simboliza muy bien la esencia pasajera de la vida y del poder. Me gusta mucho también la carta de Leonard Cohen a Marianne, es muy conmovedora, muy propia de él.

-La carta de Vilma Grünwald a su marido Kurt desde Auschwitz es dramática y excepcional.

-Hay muchas cartas de personas recluidas en los campos de trabajo, pero desde los de exterminio son muy poco comunes. Dadas las condiciones infrahumanas que padecían no tenían tiempo ni ganas de escribir y, además, pensaban que no servía para nada porque no llegarían a su destino. Esta carta fue sacada de allí, introducida en un campo de trabajo, entregada a su marido, que la mantuvo a salvo. El hecho de que haya llegado hasta nosotros es muy excepcional.

-¿Qué misivas destaca por su importancia política?

-La de Lenin a los bolcheviques en 1918, en la que les insta a actuar sin piedad, es muy importante, ya que muestra la verdadera naturaleza de la revolución bolchevique; la justificación de Hitler de la invasión de Rusia; la relación entre Churchill y Roosevelt; y el permiso alemán para que Austria atacara a Serbia en 1914.

-Las cartas de Alejandro II a su amante, la princesa Katia, son las más eróticas de un líder político.

-Son increíbles, las encontré en los archivos y las publiqué en Los Románov. ¡Qué maravilla que en 1860 existiera esta pareja que disfrutaba de esta sintonía erótica!

-Trump, adicto a Twitter, también escribe cartas, como las que intercambió con Kim Jong-un.

-Demuestra que la escritura de cartas sigue teniendo importancia incluso entre los incultos.

-Putin, que fue espía del KGB y sabe de lo que habla, quiere que los asuntos de importancia se manejen con cartas.

-Entiende que los aparatos electrónicos son completamente inseguros. Al final la gente hallará un punto medio. Para asuntos más rápidos, informales, usará los medios electrónicos, pero para las cosas importantes escribirá cartas.

Tito a Stalin: «¡Deja de enviar a gente a matarme!»

Del zar Alejandro II a su amante Katia Dolgorúkaya, 1868. «En su carta, Alejandro rememora el primer encuentro secreto», anota Sebag. «Me sentí poseído. Ahí fue cuando encontré mi tesoro... Habría dado lo que fuera para meterlo otra vez... Sentí una descarga cuando tu descarada crinolina me dejó tocar tus piernas, que solo yo había visto... Caímos el uno sobre el otro como gatos monteses».

De Anaïs Nin a Henry Miller, 1932. «Una de las grandes correspondencias románticas: sexual, turbulenta, desinhibida, poética, de redacción hermosa, desequilibrada». «Quiero combatir contra ti tanto como rendirme a ti, porque como mujer adoro tu coraje, adoro el dolor que engendra, adoro la lucha que llevas dentro de ti, que solo yo percibo en toda su plenitud, adoro tu sinceridad terrorífica».

De Marco Antonio a Octaviano (el futuro Augusto), c. 33 a.C. «Cuando dos amigos gobiernan el mundo, esta es la carta que escriben al distanciarse porque uno de ellos se ha enamorado de una reina egipcia». «¿Qué te pasa? ¿Protestas porque me esté follando a Cleopatra? Pero estamos casados, y ni siquiera es algo nuevo, nuestra relación empezó hace nueve años. Y tú, ¿qué? ¿Eres fiel a Livia Drusila?».

De Tito a Stalin, 1948. «He aquí la carta que aterró al líder más terrorífico de los tiempos modernos». «¡Deja de enviar a gente a matarme! Ya hemos capturado a cinco, uno con una bomba, otro con un fusil... Si no paras de enviarme asesinos, yo enviaré a Moscú a uno muy rápido y desde luego que no hará falta que envíe a otro».

De Bujarin a Stalin, 1937. «Una carta de devoción y sumisión de un hombre a quien lo ordena matar». «No albergo nada hacia todos vosotros, hacia el Partido y la causa, nada que no sea un amor ilimitado».

De Marx a Friedrich Engels, 1864. «Las cartas que Karl Marx y Friedrich Engels se cruzaron son de un racismo atroz para los oídos modernos... Pero uno y otro sentían unos celos feroces por otro socialista, Ferdinand Lassalle, que en muchos sentidos era lo que ellos habrían deseado ser; una estrella política». «[...] Esta combinación de herencia judía y germánica con la base negroide por fuerza tiene que dar un resultado extraño. Tiene la inoportunidad de los negros...».

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