Siete siglos de dibujo y grabado como gran arte en la colección del Museo de Bellas Artes de Budapest

Héctor J. Porto BILBAO / LA VOZ

CULTURA

La comisaria Marta Blàvia, a la izquierda, comentando la selección de obras que realizaron, de autores como Piranesi, Giuntotardi y Canaletto.
La comisaria Marta Blàvia, a la izquierda, comentando la selección de obras que realizaron, de autores como Piranesi, Giuntotardi y Canaletto. Luis Tejido | Efe

El Guggenheim de Bilbao expone las obras maestras sobre papel de la institución húngara, en su mayoría procedentes de la adquisición de los fondos de la casa aristócrata Esterházy

03 mar 2025 . Actualizado a las 11:57 h.

A veces una exposición de arte requiere del espectador un conocimiento de contexto, esfuerzo documental, atención al aparato teórico; otras, solo acudir a la sala con la mirada limpia, rendido a la inocencia y el entusiasmo, y las manos abiertas. Esa experiencia es exactamente lo que proporciona Obras maestras sobre papel de Budapest, que acoge el Guggenheim de Bilbao de la mano del Museo de Bellas Artes de la capital húngara.

Detalle de obras de Leonardo, Durero y Rubens.
Detalle de obras de Leonardo, Durero y Rubens. H. J. Porto

Aprovechando que este se halla en pleno proceso de renovación, la institución vasca ofrece una muestra de alrededor de 150 piezas -una meditada selección del fondo estatal de 9.000 dibujos y 100.000 estampas realizada por las comisarias Kinga Bódi y Marta Blàvia- que suponen un exquisito recorrido por la historia del arte europeo desde el siglo XV a los días actuales, de Baldung Grien, Lucas Cranach el Viejo y Durero a Georg Baselitz, Gerhard Richter y Vera Molnar.

Detalle de obras de Tiepolo, Millet y Egon Schiele.
Detalle de obras de Tiepolo, Millet y Egon Schiele. H. J. Porto

Dice Bódi que todo empieza y termina en el dibujo, que el dibujo no ha cambiado, que los artistas lo siguen usando para realizar su creación más recogida y personal. Y Blàvia le da la razón cuando alaba la intimidad que el dibujo le procura no solo a quien lo ejecuta sino también a quien observa: «Sigue la línea el trazo del artista para que después el espectador resiga esa misma línea». Y es verdad que el humilde rasgar de un lápiz sobre el papel, ese sutil sonido de la voluntad creadora en marcha, en la soledad de la habitación, en el taller, en la naturaleza, en un espacio urbano, se impone -y hasta en ocasiones acalla- al ensordecedor ruido que acompaña el discurrir de la tronante maquinaria de la historia, que con todo su peso y su violencia, felizmente, no logra arredrar el genio del artista.

Choca un tanto este ejercicio de intimidad, admite Blàvia, con la monumentalidad del contenedor del Guggenheim, el espectacular edificio diseñado por Frank Gehry a orillas de la ría, pero no costará al visitante apreciar como frescas y contemporáneas obras que lo fueron -y mucho- en el momento de su creación, una fuerza que mantienen vigente. Y también tiene su valor cómo logran estos grandes espacios del museo bilbaíno ensalzar las pequeñas joyas de la colección húngara.

La comisaria Kinga Bódi comentando las piezas de Georg Baselitz, Gerhard Richter y Vera Molnar expuestas detrás.
La comisaria Kinga Bódi comentando las piezas de Georg Baselitz, Gerhard Richter y Vera Molnar expuestas detrás. H. J. Porto

En una disposición flexiblemente cronológica, el relato de la exposición ilumina el modo en que el dibujo, como forma de expresión artística más antigua, ha servido de «puente que conecta ideas y emociones con la representación visual», y que a pesar de su remota edad siempre ha sabido adaptarse a las necesidades de cada tiempo. Ese ejercicio íntimo lo transforma la llegada del grabado, que cambia la escala de la producción y la difusión de imágenes -mucho antes de que lo expresaran y lo llevaran al paroxismo la fotografía, Walter Benjamin y Warhol- para llevar el acceso, el disfrute y el consumo del arte a una primera fase de democratización y, por ende, «actuando como catalizador en períodos influyentes como el Renacimiento y la Reforma».

La muestra recorre un gran arco temporal, que, como se aprecia en la imagen, acoge a autores como Iris Schomaker, Rembrandt y Rubens.
La muestra recorre un gran arco temporal, que, como se aprecia en la imagen, acoge a autores como Iris Schomaker, Rembrandt y Rubens. Luis Tejido | Efe

El nacimiento del paisaje y los estudios anatómicos

El dibujo ha sido una herramienta básica en el desarrollo de universos pictóricos como los del paisaje y la figura humana. El espectador hallará en Obras maestras sobre papel de Budapest una generosa muestra de piezas realizadas en las primeras salidas del artista a pintar al exterior, al campo o al escenario urbano. Los alemanes fueron pioneros en esta práctica y se muestran en sus trabajos con un estilo más realista (Albrecht Altdorfer), que virará hacia el idealismo en el caso italiano (Domenico Campagnola) y lo atmosférico en ejemplos de los Países Bajos (Jan Brueghel I y, mucho después, Van Gogh). En cuanto a la figura humana, las indagaciones anatómicas dan paso en el Renacimiento a expresiones del cuerpo de muy variado carácter, desde lo religioso (Marcantonio Raimondi), lo erótico (Giulio Romano), lo mitológico (Parmigiano) y el estudio del desnudo (Annibale Carracci).