Brian Wilson, la mente prodigiosa que elevó el pop a la categoría de arte

CULTURA

Fue uno de los grandes genios del pop y autor de «Pet Sounds», una de las cumbres del género. Acaba de morir a los 82 años
11 jun 2025 . Actualizado a las 22:01 h.En la música pop están Brian Wilson y Lennon & McCartney. Luego, todos los demás. Esa es la dimensión del que fue líder, compositor e ideólogo sonoro de The Beach Boys, que acaba de morir a los 82 años de edad, tal como anunció su familia esta tarde en redes sociales. «No hay nadie que no haya sido influenciado por él. God Only Knows es, para mí, la mejor canción jamás escrita», decía McCartney, quien afirmó muchas veces que Pet Sounds (1966) era su disco favorito de toda la historia. Lo secundan miles de personas en todo el mundo.
Un álbum que elevó el pop a niveles de sofisticación, excelencia y ambición artística nunca antes alcanzados. Con él, la música juvenil nacida en los cincuenta tambaleando al mundo occidental alcanzaba la mayoría de edad. Ya nadie se atrevería a mirar con desdén lo que proponían esos melenudos que desafiaban cómo se había hecho todo hasta entonces.
El arquitecto de aquella obra magna era Brian Wilson. Si Pet Sounds se definió muchas veces como la Capilla Sixtina de la música pop, su compositor ejerció como el particular Miguel Ángel del género. En una grabación épica, logró plasmar la música imposible que dibujaba en su cabeza: pequeñas piezas pluscuamperfectas con barroca instrumentación y un resultado a varios años luz de distancia de lo conocido hasta entonces. Wilson, que delegó en sus compañeros las actuaciones en directo, lo hizo todo. Firmó la mayoría de las composiciones. Mezcló pop, jazz, piezas hawaianas, sonidos del mundo Disney y música clásica. Y creó todos esos arreglos musicales de ensueño que hoy siguen maravillando. En Pet Sounds se colaron instrumentos árabes, electroteremines, timbres de bicicleta, campanas, botes, botellas y ladridos de perro. También un colchón instrumental que daba esplendor cromático al muro de sonido en blanco y negro de Phil Spector. Pero, sobre todo, un ramillete de canciones memorables que pasarían a convertirse en moldes de excelencia musical para siempre.
Antes de eso, Brian Wilson venía al mundo en 1942. Hijo de Murry Wilson, un compositor frustrado que descargaba sus carencias vitales en sus hijos, creció en un ambiente muy musical. Él y sus hermanos Dennis y Carl cantaban y armonizaban sus voces. El primo Mike Love y su amigo del colegio Al Jardine se unieron poco después, y juntos conformarían The Pendletones. En 1961 lograrían un pequeño éxito con Surfin', y la discográfica que los acogió decidió cambiar por su cuenta el nombre del grupo a The Beach Boys, ya que consideraba que encajaba mucho más con el espíritu del tema. A partir de ahí, con Murry ejerciendo un férreo control, empezó la primera etapa de la banda, con una constante producción y varios hits como Surfin' Safari, Surfin' U.S.A, Fun, Fun, Fun, I Get Around y Don't Worry Baby. Esta última, considerada como una respuesta el Be My Baby de The Ronettes, ya ponía sobre la mesa la maestría de Wilson como compositor.
A finales de 1964 sufrió su primera crisis nerviosa, producto de los viajes, la agenda de trabajo y los cambios en su vida personal (se acababa de casar con Marilyn Rovell). Decidió apartarse de los escenarios. Primero, de manera intermitente. Luego, totalmente. Su vocación era crear, no repetir lo creado en directo. Y su hábitat natural pasó a ser ese estudio en el que materializar sus fantasías. La escucha de Rubber Soul (1965) de The Beatles lo empujó a crear Pet Sounds con el poeta y joven publicista Tony Asher. Un disco incomprendido en su día y que no funcionó comercialmente. Hoy figura en todas las listas habidas y por haber de mejores álbumes de la historia. En muchas de ellas, como número uno.
La efervescencia creativa entonces era tal que una pieza tan prodigiosa como Good Vibrations acabó publicada solo como sencillo.
Un artista que se quebró buscando la gloria
En un momento en el que la inventiva se ponía a prueba cada día y los grupos rivalizaban sobre quién podía ir más allá, Wilson quiso superar la gesta de Pet Sounds. Para ello diseñó un álbum conceptual definido como «la sinfonía adolescente para Dios». Lo tituló Smile y lo desarrolló en intempestivas sesiones de grabación. Él hablaba de «un sonido espiritual blanco» con el que «transmitir vibraciones amorosas a la gente». Sin embargo, la travesía no resultó risueña. Wilson emprendió un viaje más allá de la grandeza y la locura, en el que abrazaba la música con la pureza y dulzura de un niño que está descubriendo el mundo. Recurrió a Van Dyke Parks como letrista, los mejores músicos de Los Ángeles y los grandes estudios para desarrollar el método modular de construir canciones. Machacado psíquicamente por el consumo de drogas, desistió. El disco quedó inconcluso. Hubo que esperar al 2004 para grabarlo completo.
A partir de la traumática experiencia que supuso Smile hubo numerosos altibajos. En los años setenta y ochenta fue sometido a control por parte de su polémico terapeuta mental, Eugene Landy, que trataba de intervenir en cada aspecto de su vida. Wilson se retiró parcialmente de la música y vivió aislado de todo durante largos períodos en los que no creó nada.
Fue con Melinda Ledbetter, a quien conocería en 1986 y acabaría siendo su esposa más adelante y cuidadora en los últimos años, con quien encontró la estabilidad mental y vital. El año pasado ella murió y Wilson, que ya estaba diagnosticado de demencia, pasó a estar bajo la tutela de su mánager Jean Sievers y su agente Lee Ann Hard. Aún se desconocían las causas de la muerte.