Con el agua al cuello

AMADOR GÓMEZ Enviado especial SYDNEY.

DEPORTES

La derrota ante Canadá reduce las posibilidades de la selección española de baloncesto de pasar a cuartos de final El desastre de la selección española en Sydney invita al pesimismo. Tras el varapalo sufrido ante Canadá (91-77), que llegó a ganar en la segunda parte a España por 27 puntos (72-45), los jugadores de Lolo Sainz quedaron realmente tocados anímicamente y el seleccionador dio por perdido «el sueño de las semifinales», a pesar de que la victoria de Australia sobre Rusia abre el abanico de posibilidades de clasificación para cuartos sin afrontar el cruce decisivo ante el invencible Dream Team.

21 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

España se enfrenta la próxima madrugada Yugoslavia, y por tanto, las opciones de que pueda terminar entre las mejores en Sydney pasan, como mínimo, por derrotar el lunes a Australia en la última jornada, aunque tras lo visto ante Rusia y Canadá, esta selección española da la impresión de que sólo está para vencer a Angola y poco más. España rozó el ridículo Es un equipo sin alegría y sin recursos que puede ser vapuleado por rivales como Canadá, que sorprende por su velocidad, su efectividad ofensiva y la calidad de unos jugadores que se ganan la vida fuera de su país y van camino de medalla en los Juegos. España fracasó en su primer partido ante Rusia en un duelo vital, y frente a Canadá no sólo cayó con contundencia, sino que rozó el ridículo, con una imagen impropia de un subcampeón de Europa, sin garra en defensa y con escaso acierto en ataque. Actualmente, la diferencia entre Canadá y España es abismal. Los norteamericanos disponen de un equipo potentísimo y nadie pone en duda que actualmente son muy superiores a España, que cuando se hunde en el marcador ya tiene imposible la remontada. Mientras que Canadá imprime un ritmo tremendo, hace un baloncesto fácil, desperdicia pocas posesiones (71% de sus lanzamientos de dos puntos y 63% de tres en la primera parte), es letal al contraataque, y tiene calidad en todos sus hombres.