Lágrimas antes de la primavera

P. J. B. A CORUÑA

DEPORTES

Los equipos de básquet y voleibol, Conchita y Ruano fracasaron en la jornada El cambio de estación coincide con el inicio de las competiciones en atletismo Suena el reloj. El equipo español despierta de su hibernación, sale de su cueva y contempla el panorama. El invierno australiano, que en la madrugada del sábado toca a su fin, ha dejado un reguero de fracasos en el papel de deportistas que, a priori, partían con opciones de alcanzar la gloria. Mientras Europa se despide del verano, los representantes patrios no acaban de levantar cabeza y continúan sumidos en ronquidos y decepciones.

21 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El atletismo amenaza con poner fin al adormilado medallero español. El amenecer de la nueva estación levantará el telón para Andrés Díaz, Abel Antón y compañía. Estos deportistas, que ostentan buena parte de las esperanzas de medalla que quedan, intentarán revolucionar la primavera en las Antípodas. El granadino Paquillo Fernández podría abrir en la prueba de veinte kilómetros marcha un camino florida de metales. Por el momento, las chicas salvan el honor patrio. El equipo de hockey hierba, la malagueña Nina Jivaneskaia y la gimnasta Esther Moya dieron las alegrías de un día protagonizado por los fracasos en baloncesto y voleibol. Además, también fallaron Juan Llaneras, quien no pudo conseguir otro oro, Conchita Martínez _derrotada por una desconocida eslovaca_ y la campeona del mundo Dori Ruano, séptima en puntuación. Hockey femenino Quien se mantiene despierta es Elena Carrión. La guardameta cántabra volvió a erigirse en la estrella del combinado femenino de hockey. Carrión, «la mejor jugadora de los Juegos», según destacó su seleccionador, Marc Lammers, volvió a realizar paradas sensacionales ante Argentina. La actuación de la portera contribuyó a una victoria que coloca a la selección a un paso de los cuartos de final. Jivaneskaia hace tiempo que dejó de hibernar. Tras el bronce en los 100 metros, la hispano-rusa aseguró que con igualar su marca personal podría ganar la prueba larga. Una rumana batió ayer la mejor marca del año y le demostró que habrá que nadar mucho más rápido para subir a lo más alto del podio. La malagueña, campeona mundial de la especialidad, luchará por despertar al medallero español de su letargo invernal. La gimnasta Esther Moya rozó el diploma en gimnasia. Una caída en su ejercicio de barra, «que _según su entrenador, el gallego Jesús Carballo_ de no haberse producido le hubiera llevado a la plata», minó las aspiraciones de la joven. Moya cuenta con un nuevo sueño: la final de salto del domingo y en la posibilidad de conquistar una medalla que constituiría una hazaña para la gimnasia española. El milagro de la primavera más deportiva de la historia de Australia promete convertir las lágrimas españolas en oro.