Los desheredados de Jordan

X. M. F. A CORUÑA

DEPORTES

BALONCESTO / NBA A Michael Jordan, el rey Midas del deporte mundial, el acaparador de anillos y galardones, no le tembló la voz cuando en enero de 1998 anunció que a partir de ese momento se dedicaría a su familia. Su retirada dejó tocada la NBA. Dos años después, el mejor baloncesto del planeta sobrevive sin el que fue su emblema durante más de una década. Más problemas tienen los herederos del United Center, la cancha de los Bulls.

12 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El maganer general de los Bulls, Jerry Krause, tuvo mucho que ver en la precipitada marcha de Jordan. El genial jugador ligó su futuro al de Phil Jackson, pero Krause no quería al actual técnico de los Lakers. El éxodo afectó a Pippen, Rodman y compañía. El celoso directivo de los Bulls afrontó entonces una gestión de verdad, el reto de reconstruir una franquicia desde cero, un empeño en el que, por ejemplo, los Celtics han fracasado desde la retirada de Bird. Y a Krause no le van mejor las cosas. Además de ser el equipo con peor balance de la NBA en las dos últimas campañas _30 victorias y 102 derrotas en ambas_, en la actual han ganado un partido de seis jugados. Eso sí, cuentan con la plantilla más joven de la NBA, con talento procedente de una buena elección del draft _Elton Brand, mejor novato de la temporada pasada, Fizer y Crawford_ y un aceptable jugador _Ron Mercer_ con precio de estrella, más de 2.000 millones de pesetas. Agentes libres Y lo peor es que en un futuro inmediato, cuando sus jóvenes aprendan a sobrevivir en la NBA, Brand, harto harto de perder partidos, aprovechará el fin de su contrato para buscar cobijo en otro lugar. En la pretemporada, y pese a que Krause sedujo lo seducible _agentes libres_ con lujosas estancias en Chicago, ni uno solo de los grandes jugadores se quiso hacer cargo del solar que abandonó Jordan. Ni Grant Hill ni Tracy McGrady _ambos acabaron en los Magic de Orlando_, ni mucho menos Tim Duncan, quisieron saber nada con Krause. Tim Thomas optó por perder dinero a cambio de seguir en un equipo más competitivo, como Minnesota. El United Center sigue llenándose cada noche. Casi 22.000 personas esperan ver la reencarnación de Jordan en sus jóvenes talentos. Por moral que no sea.