El deportivismo ya no añora a Rivaldo. El taconazo y el remate de Djalminha frente al Celta han enterrado definitivamente los demonios familiares de la afición coruñesa. Djalma ha pasado a los altares del deportivismo, su regate le ha emparentado directamente con Bebeto, el mago que con un par de amagos quebró la cintura del defensa españolista Mino.
28 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.El Dépor ya tiene una estrella, aunque el fútbol europeo se empeñe en ocultarlo. A tenor de la elección de la lista de cincuenta futbolistas escogidos por France Football para optar al Balón de Oro de este año, el centrocampista deportivista no merece el calificativo de jugador de primera fila. ¿Olvido o ninguneo? Un poco de cada cosa, ya que, paradójicamente, el Deportivo, campeón de la mejor Liga de Europa y único equipo invicto en la actual Liga de Campeones, no tiene ni un solo representante en el medio centenar de estrellas europeas. Balón de Oro Las imágenes del regate imposible a Yago y la vaselina por encima de Pinto han dado la vuelta al mundo. Probablemente, hoy los muñidores de la lista, tan deslumbrados como el resto, sí incluirían a Djalminha, como a Rivaldo, a Figo o, por imposible que parezca, a Geremi. Su gol al Celta le ha situado en el planeta fútbol. ¿Se equivocó el Barcelona al desembolsar cuatro mil millones de pesetas por Rivaldo? ¿Hubiera resuelto José Luis Núñez, entonces presidente del Barça, con Djalma sus problemas domésticos? Más claro: ¿Quién de los dos brasileños es mejor? Los números no mienten, pero tampoco dicen toda la verdad. Rivaldo acaparó la temporada pasada todos los galardones imaginables: Balón de Oro y mejor jugador de la FIFA. La calidad del barcelonista y su capacidad para definir son indudables, pero, a día de hoy, en A Coruña el orgullo se llama Djalma Feitoza Dias, el hijo de un defensa brasileño que compartió internacionalidad con Pelé. Más gol Rivaldo ha marcado 82 goles en la Liga española, seis en la actual; una cifra que supera ampliamente a la del ocho deportivista. El barcelonista tiene gol, es un jugador con las virtudes de los brasileños y el físico de un europeo. El deportivista no ve puerta con facilidad _sólo 24 goles en el tiempo que lleva en España, algo más de tres temporadas_, pero su juego es capaz de hacer mejores a sus compañeros, además de levantar de sus asientos al aficionado más escéptico: tres asistencias de gol y treinta centros al área en menos de 300 minutos de juego. Generosidad y pinceladas deslumbrantes a partes iguales. Además de haber compartido vestuario en el Palmeiras, el sueño imposible de Augusto César Lendoiro _hacer jugar juntos en el Dépor a Rivaldo a Djalminha_ duró apenas ciento ochenta minutos_: la semifinal y la final del Teresa Herrera de 1997. Núñez rompió el encanto.