TENIS De una sóla tacada, Juan Carlos Ferrero ha establecido tres registros importantes tras ganar en Roma: es el número 2 del mundo en la carrera de campeones hacia Sidney, ocupa el sexto puesto en la clasificación para entradas en torneos y emerge en tercera posición en el ranking de ganancias, con 157 millones en lo que va de temporada para un total de 2.000 millones desde que en 1997 se pasó al campo profesional.
14 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los cuatro éxitos del valenciano en este 2001 contribuyen a reforzar el criterio sostenido por los expertos de que estamos ante un tipo con ADN de número uno. A esa meta, por lo que apunta el jugador, llegará tarde o temprano. En tierra batida se mueve como pez en el agua. Ferrero declaró ayer en Hamburgo que acusa su mejor «momento físico y su principal preocupación estriba en mantener este nivel para encarar Roland Garros». Entregado por completo a su carrera y consciente de que puede volar a lo más alto, el rubio de Onteniente ha conseguido perfeccionar su saque, con el que ahora ya alcanza velocidades superiores a 200 kilómetros por hora. Su condición atlética, también trabajada a fondo, se ha fortalecido y actualmente ese adecuado tono físico le permite aguantar partidos a cinco sets, como en el Foro Itálico, donde superó en capacidad de esfuerzo al mismísimo Gustavo Kuerten. Juan Carlos Ferrero, como tenista, exhibe estos poderes: agresividad constante a la hora de golpear la bola, tiene en su derecha un arma de mortales efectos, con el revés también sabe atosigar al rival, su volea -aunque no la prodiga- ha sido mejorada, maneja la dejada con bastante precisión y, en definitiva, reúne una batería de recursos que le habilitan para caminar con seguridad por la siempre árida senda del éxito. En otras palabras, Ferrero, tal como se comporta en la pista, parece llamado a cuajar en primerísima figura si le respetan las lesiones. Aunque las comparaciones siempre son odiosas, si examinamos su juego con el de otros ilustres españoles (Santana, Gimeno, Orantes, Bruguera, Moyá y Corretja) se llega a la conclusión de que está en la mejor línea para tratar de superar las singladuras de aquéllos.